Categoría: :birulaplanet

  • Cinco cosas sobre ciclismo, seis.

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    Adaptación de artículo publicado en birulaplanet.com en febrero de 2017, texto original.

    Tal vez porque el año comenzó, porque querías bajar de peso, porque alguien te invitó, porque tu salud te avisó, porque alguien te gustó o tal vez ya se te olvidó… La razón que sea que comenzaste en ‘los ciclismos recreativos’ —feriados y fines de semana— un día reflexionas y sobre situaciones que nadie te advirtió, así que: estas son las cinco cosas que [casi seguro] nadie te dijo cuando comenzabas en el ciclismo recreativo —son seis—.

    5. Todo aprieta.
    La ropa de ciclista es ajustada; se ciñe por todos lados sin dañar nada, comprime en las piernas, se entalla en abdomen, se expande en los glúteos y sí, también se ajusta ahí donde te platiqué; de hecho el traje de ciclista te aplasta tanto las pelotas que después de cuatro horas de pedalear casi desaparecen. Nada de qué preocuparse, todo vuelve a normal cuando te hidratas, te alimentas, te aseas y descansas —enjoy—. A algunos les causa presión mental la idea de usar shorts de lycra (a mi me sucedió; ya está superado); no temas el atuendo, es así por eficiente y funcional, cuando lo pruebes lo vas a comprender. Si pedaleas en invierno aprieta el frío, en verano aprieta el calor. Si pedaleas en solitario aprieta el viento en contra y extrañas el viento a favor. Si vas en pelotón aprieta el paso el ciclista puntero y tú no te quieres quedar y si es evento o carrera aprieta el paso el que viene detrás para adelantar. Y aprietas tú tu ritmo de pedalear en los últimos metros antes de llegar a la meta. ¡Ajusta casco y zapatillas, nos vamos a rodar!

    4. Todo duele.
    Cuando pasas de sedentario a ciclista principiante, aclararte es mi deber, todo te va a doler. ¡Toddo, dije! ¿No pensarías que tan fácil la ibas a tener? Te dolerá el trasero por la compresión de los isquiones con el sillín; es típico sentir malestar por unas horas después de entrenar durante las primeras semanas. Te dolerán las piernas después de pedalear. Al principio serán un dolor que casi te va a incapacitar y una sensación de ardor infernal que estarán contigo durante días, no querrás ni moverte; conforme sigas entrenando este dolor irá desvaneciendo de días a horas a nada. Aprenderás palabras como ‘ácido láctico’ —demostración presencial de los efectos fisiológicos incluida—. Vas a sentir calambres: eso duele mucho, en serio. Aprende a conocer las señales y los remedios. Te vas a caer: garantizado. El ciclismo es ya de por sí un poquitín peligrosillo; no hagas tonterias que nos pongan en riesgo —a ti, a mi y a los demás—. Después de una caída levántate, asegúrate de estar bien y continua si y solo si es seguro. Te vas a rozar, o tal vez no. Si notas fricción, irritación o rozadura en alguna parte, sé diligente en prevenir y remediar; más vale lubricar que suturar. Un poco de incomodidad en cuello, espalda, hombros y muñecas puede ser normal durante las primeras sesiones pero también puede ser señal de mala postura o lesión. Siempre atento a los avisos de tu cuerpo; no es igual el dolor de fatiga que el de herida. Siempre consulte con un profesional de la salud.

    3. Todo es bicicleta.
    Es casi como enamorarse; hablas de ciclismo, ciclistas y bicicletas con todo mundo hasta el punto que te miran con ojos de «¿y este qué?». Te vuelves medio experto en bicicletas, componentes, accesorios, mecánica, carreras, competencias… bueno, hasta repasas la historia del ciclismo. Te conviertes en perito en administración de tiempo, adaptas tus horarios para entrenar y acomodas tu agenda al rededor de los eventos. También agregas recordatorios al calendario, ¡uy sí, no se te vayan a olvidar! Hasta cuentas las horas para estar con ella. Buscas eventos dónde participar, o carreras qué observar. Aprendes a ser diligente con tus finanzas: ahorras para comprar otra bicicleta —sí, otra ¿qué de malo tiene?—, accesorios y equipamiento. Te alejas de los excesos de alcohol, comida chatarra y desveladas porque «me baja el ritmo en la bici». Aunque eso solo aplica antes del evento; cruzando la meta la historia es otra: «más cheve y más tacos». Si hasta nombre le pusiste a la bici. Llegados a este punto es seguro que la fiebre te contagió sin remedio. Felicidades y bienvenido.

    2. Todo cambia.
    Los amigos —en realidad los buenos amigos no cambian ni los cambias por otros— solo agregas más. Tu salud y estado físico son mejores que antes de empezar en esto de ‘los ciclismos’, ya no jadeas moribundo, bajaste un par de kilos y la presión arterial y el colesterol; sin darte cuenta tu cerebro ha desarrollado una gran habilidad para mantener el equilibrio y hasta piensas con más claridad. Tus pláticas son diferentes, ahora además hablas del futuro y de los nuevas metas que deseas conquistar. Tus piernas nunca volverán a ser las mismas, se están formando y torneando, eso te agrada, hasta parecen atraer algunas miradillas —ya, bájale, tampoco exageres, sí están mejor que antes pero no es para tanto, tú sigue entrenando, ‘bamos vien’—. Cambias tú, sea que tengas un mes o un año rodando —asúmelo, ya no eres el mismo— respiras mejor, caminas mejor, duermes mejor, te sientes mejor y luces mejor. Ahora disfrutas más, hasta buscas los puertos de montaña para ver el paisaje y la frase «100 kilómetros» te provoca una sonrisa. Tu forma de ver la vida ya es diferente —o tal vez no—, has conocido personas y lugares nuevos y te has conocido tú. Algunos miedos los dejaste atrás cuando no pudieron pedalear contigo.

    1. Todo es posible.
    Ahora sabes que con esfuerzo enfocado, constancia y disciplina puedes lograr lo que te propongas.*
    Quieres tener una, dos, tres, catorce bicicletas: una de ruta, una cyclocross, una de montaña, una fat, una urbana, una tandem y una turismo. Tus deseos de querer llegar en primer lugar en cuanto evento y carrera participas no se han ido, tal vez nunca se vayan. Sueñas con participar en ‘Le Tour de France’ o con dar la vuelta al mundo. Queda claro que ambos son retos enormes también que son posibles y tal vez te digas a ti mismo «debí comenzar diez años antes». No podemos hacer nada para cambiar el pasado solo podemos aprender de él, en tanto que el futuro sea para descubrir tus capacidades, cultivar tus talentos y retar tus límites. Aunque no ganes ‘Le Tour’ definitivamente ya no eres igual, te has superado a ti mismo. ¿Y sabes qué? ¡Ha valido la pena!

    * Siempre que te propongas no quebrantar las leyes de la física, que no quieras lograrlo todo al mismo tiempo pues elegir un camino es renunciar a otro(s) y que dediques recursos objetivos, tangibles y mensurables a la materialización de tu propósito. Por supuesto aplican otras restricciones.

    0. Todo cuesta.
    Cuesta esfuerzo, tiempo y dinerillo. El ciclismo, aunque sea recreativo de fin de semana, te puede significar desembolsos de cientos de dólares —incluso miles— en bicicleta, equipo y accesorios. Algunos eventos son de paga y las cervezas al cruzar la meta no las regalan —a veces sí—. A fin de cuentas vale la pena, pues lo que inciertas en ejercicio te lo ahorras en doctores.

    Si no se hace la machaca con ‘Le Tour’ nos queda la vuelta por el mundo. ¡Vámonos!

  • En bicicleta, día uno.

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    Adaptación de artículo publicado en noviembre de 2016, texto original.

    En 2013 solía trabajar en la misma compañía, a la que llamaremos Hayden —porque así se llama—, que un amigo, al que llamaremos Luis Trujillo —porque así se llama—. Casi inmediato de conocerle Luis me cuenta que desde hace como cinco años es ciclista por las tardes y los fines de semana, que es el ‘presi’ del grupo con el que pedalea y derecho me invita a participar. Curioso, hago un par de preguntas; al escuchar sus respuestas me quedé ‘perplejo’ así que le dí cualquier pretexto para evitar asistir:
    — No tengo bici.
    – Yo te presto una.
    – No tengo casco.
    – En Walmart son baratos.
    – No tengo condición.
    – Iremos despacio.
    La plática se replicó durante semanas y meses sin materializar la invitación ni la confesión: «¿Yo en short de lycra? ¡Ni ‘mais’!».

    A principios de 2015 después de varios cambios inesperados aparecen síntomas de no-salud. Me hago revisar por un médico y me dice:
    – Te vas a morir.
    – Doctor, ‘do not meim’.
    – Sí, algún día.
    – ‘Do not meim’, doctor.
    Ok, ok, no fue así; el médico no dijo eso, pero así lo interpreté; fue algo parecido a verme recibir cita del cielo y decirme a mi mismo «¡’Mimismo’, no vamos, nos quedamos!».

    El lunes, de vuelta en la oficina acepté la invitación de Luis a pedalear; lo acordamos para el sábado 31 de enero de 2015 las 8:00 AM. Desempolvé un casco que tenía guardado —era pretexto, ¿recuerdan?— y me conseguí unos calzones con chamoy —así se llama el acolchado— de esos que van bajo la ropa —aún no estaba listo para vestir shorts de lycra— y esperé a que llegara el día.

    El sábado por la mañana, llegué puntual a la cita, vestido con jeans, polo, tenis, casco y los chones acolchados bajo la ropa. Presentes se encontraban Ernesto, Rubén, Ángel y Luis, quien traía dos bicicletas, una era la que yo iba a usar.

    El trayecto fue sobre la ciclo-vía desde el parque North Heritage en Fontana hasta Roy’s Cyclery en Upland. Sobra decir —pero lo diré— que sudé, jadeé y pujé pero llegué. De ida y vuelta fueron casi 7000 millas —ok no pues, fueron 18 nada más—, el recorrido en bicicleta más largo de mi vida hasta entonces; no me lo creía.

    Durante unos tres días no pude moverme sin sentir dolor en las piernas, en los hombros y espalda, también donde la ropa me rozó la piel y allá donde les platiqué —que no les he platicado pero que ya se la you know—. «¿Dónde está ese short de lycra?», pensé. Conseguí uno y en la segunda ‘raiteada’ lo vestí tímido con algo de sonrojo, pero eso es otra historia.

  • Bírula para viaje: ¡check!

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    Ammm, OK. ¡Veamos! dijo un mudo.La máquina de viaje no debe ser perfecta, debe ser buena, buenísima; marco de acero, ruedas reforzadas, parrillas, frenos de disco, dinamo, trasmisión automática —OK pues, eso último no—.

    Tras días de navegar online e investigar online y buscar(sí, también online) encontré varias opciones de bírula para viajar.

    Al final me decanté por una Surly Troll color verde moco, rodada veintiséis, marco de acero, frenos de disco, con extra anclajes para accesorios. Sigue conseguir un par de parrillas —delantera y trasera—, cuatro alforjas para equipaje, bolsas transportadoras de agua, espejo retrovisor(¿uno o dos?), dinamo y luces… Y una campanita de esas pa-hombre-que-viaja-bien-lejos’n no vayan a creer que de esas de bici-rosa-para-niña.

    Más tarde vendrán la casa de acampar, la cocina portátil, una trasmisión tipo Rohloff, refacciones y repuestos, ropa y accesorios para desierto, montaña, playa, lluvia, viento e invasion extraterrestre —es broma—, un casco con mejor ventilación, sombrero de turista, lentes oscuros de ciclista malote, zapatos montaña, chanclas ciclistas, la lista sigue y sigue.

    También está pendiente darle un nombre a la cicla y escribirle un review(suena más ‘trendy’) por ahí de las 1000 millas pedaleadas —Strava, ahí te encargo—.

    So far, so good; ‘bamos vien’. Good night.

  • Nocturna Cerro Prieto (Segunda Parte).

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    … y fuimos pedaleando bajo el cielo estrellado hasta el pie del volcán, después de un breve intercambio decidimos ascender por la vereda que lleva al cráter: unos a pie, otros en bici y otros en auto…

    Al llegar a la estación de antenas aguardaban los ciclistas del grupo puntero; nos tomamos las fotos del recuerdo, luego de descansar y platicar un rato, alguien —no recuerdo quien— propuso subir por el tramo pavimentado que nos separa del cráter y del dibujo escultura del Sayii, y así sucedió: ascendimos pedaleando por la pendiente de cemento hasta la cima. Ya en la cumbre, con esa sensación de victoria tomamos más fotos y conversamos animados; acordamos regresar pronto. Pasado un rato y recuperado el aliento emprendemos el descenso, unos pie en suelo sosteniendo la bici y los más osados, en ella montados. De regreso en la estación de antenas había un carruaje al lado del camino con su caja musical activada mientras sus ocupantes descansaban cómodos sobre muebles portátiles al lado de un cofre repleto de bebidas refrescantes.

    Huele a humo —pensé— como a balatas quemadas… —Pero, ¿por qué?— cuando otro ciclista en descenso me pasó por el lado el aroma se intensificó —ah, son los frenos de las bicicletas, se calientan hasta quemarse en la bajada—.

    Más adelante paramos para contemplar nuevamente el cielo y continuamos a paso más o menos lento mientras charlábamos. Distraídos por lo ameno de la conferencia no nos percatamos que tomamos un sendero diferente. Era un camino sumamente polvoriento, la tierra estaba tan suelta que parecía que pedaleábamos sobre talco; quedamos literalmente empanizados, tanto que Ofelia comenzó a toser y toser sin poder parar —soy asmática— dijo con dificultad mientras sorbía los vapores que emanan de su inhalador. Tras recuperar el aliento, literal, continuamos hasta la estación de policía donde algunos esperaban:
    — Que se repita.
    — ¿Pa cuando la próxima?
    — Que sea pronto.
    — Hasta luego.
    …
    Aventura nocturna: check.
    Cielo estrellado: check.
    En la mejor compañía: check.
    Mañana es domingo recuperar fuerzas y descansa pues el lunes comienzo a trabajar en una tortillería; eso es otra historia.

  • Nocturna Cerro Prieto (Primera Parte).

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    Poco más de un año ha que sucedió la Pedaleada Nocturna Cerro Prieto (sábado 21 de octubre de 2017).
    Coordenadas espacio-temporales: comandancia del ejido Michoacán de Ocampo, 6:00 pasado meridiano —puntuales, por supuesto—.
    Una lista de papel atestigua que Jesús, Adrián, Emiliano, Andrea, Valeria, Tomás, Sergio, Abda, Ramón, Karla, Martín, Ofelia, Gabriel, Monica, Patricia, Omar, Alfredo y yo mero estuvimos ahí.
    Mientras esperábamos el arribo del resto, Adrián, el más joven del grupo dice:
    —Tengo una pregunta, ¿qué significa ‘bírula’?
    — Es otra forma de decir ‘bicicleta’, así como baika, bici, bicla, burra, caballo, camella, chiva, cicla, cleta, nave o rila…

    Como cuarenta y cinco minutos después, cuando el cielo ya arrebolaba principiamos a pedalear por la calle central rumbo al parque, «me encanta rodar cuando el sol se está poniendo pues la sombra proyecta en el suelo al ciclista esbelto y espigado que quiero ser». Una vez salimos del poblado pasó como pasa cuando sucede: el conjunto se elonga, se elonga, se elonga… y ocurre la saludable mitosis bicicletera. En el grupo puntero iban todos los demás; en la retaguardia a paso moderado, los más jóvenes —yo incluido— platicábamos acerca de la escuela, los profes y otras cosas de la vida. Pedaleando entre las parcelas pensé que nadie del pelotón puntero estaría certero del camino exacto hacia el volcán así que pregunté a Adrián si podía guiar al grupo hasta el puente y luego hacia la izquierda por la orilla del canal, a lo que él respondió seguro afirmativo. Me adelanté lo más rápido que mis piernas podían, al llegar al puente esperaba Gabriel con un pinche… digo, con un ponche… digo, con un pincho… bueno pues, con una avería en el neumático de su bicicleta.

    Mientras intentábamos reparar el desperfecto el grupo joven nos alcanza, habían pasado apenas unos cinco minutos, —¡Vaya! no venía yo tan rápido después de todo—.
    A la par que sucede el ritual desmontar-llanta-cambiar-tubo-montar-llanta-inflar-repetir escuché decir:
    — ¡Emiliano, Emiliano!  ¿Ya viste?
    — ¿Qué cosa?
    — ¡Mira pa’ arriba, el cielo!
    — ¡WOW, está todo lleno de estrellas!
    Yo también volteé a ver por un momento y no pude evitar recordar algo que Xe Juan una vez me contó: «… durante mis años al frente del aula, allá por la época del temblor, mis alumnos narraron sobre las noches sin celular acampando en el patio de su casa mirando, maravillados, la vía láctea; ‘para algunos esa fue su primera vez escudriñando la bóveda celeste’… «.
    La avería fue reparada con tubo nuevo: ¡listos, ya nos vamos!

    Y sucedió que fuimos platicando pedaleando emocionados bajo ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, a orillas del canal, entre parcelas y perros que ladran a la noche, juntos hasta el pie del volcán. Luego de sostener un brevísimo debate tipo «no vinimos hasta aquí para llegar nada más hasta aquí…», todos ascendimos por la vereda que conduce hasta el cráter; algunos a pie, otros en bírula y otros en el carruaje que porta la caja musical, los muebles plegables y el cofre repleto de bebidas refrescantes.

  • Pedaleada Mexicali-Pacífico.

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    El pasado domingo se llevó a cabo la pedaleada entre amigos «Rodada Mexicali-Pacífico». A la cita ciclista en el estacionamiento de conocido ‘hiper mercado’ en bulevar Anáhuac, cerca de Villas del Rey, acudieron nueve ciclistas. La rodada comenzó a las siete de la mañana; rodaron por veredas, sobre el canal hasta la intersección con el libramiento Mexicali, las fotografías que tomaron atestiguan una buena experiencia canalera-bicicletera. Según comentaron en el grupo de WhatsApp, hubo un ciclista ponchado; nada de cuidado, todo seguro, parte del aprendizaje y otra anécdota para relatar a los nietos. El grupo regresó al punto de partida dos horas después, habiendo disfrutado de una rodada segura.

    Muchas gracias a quienes asistieron y a Jesús Chiang quien organizó esta rodada.
    Ya suman tres ciclistas-guía: Martín, Roberto y Jesús. Nos vemos en la próxima, #hazquesuceda.

    Grupo en Whatsapp: goo.gl/mC7nVQ
    Página en Facebook: goo.gl/wfYU4f

  • Pedaleada por el acueducto.

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    Como de esas veces que estás casual un tres de octubre y no tienes nada que hacer para el fin de semana y de repente te proponen ir a pedalear el domingo por una brecha del desierto hasta llegar a la planta de bombeo número cuatro y pos dices ‘pos vamos’…

    … Acudimos al llamado Adrián, Carlos, Cesar, Cuauhtemoc, Fernando(yo), Gabriel, Jesús, José, Luis, Martín y Roberto. Nuevamente el punto de inicio de rodada fue el área de descanso que esta junto al retén militar al pie de La Rumorosa; nos recibió agitando la cola —true story— una perrita bicolor blanco-canela con placas de circulación ’50L0B1N0′ a la que, sin ninguna razón que lo justifique, llamaremos «Barrita». Saludamos, preparamos el equipo, tomamos unas instantáneas al amanecer y comenzamos a rodar faltando diez para las siete. Primeramente pedaleamos cuesta arriba dos kilómetros y medio por el acotamiento de la carretera federal número 2D hasta una pileta de agua; Cesar llegó primero, ahí esperamos a los que se habían retrasado, Barrita también llegaba entera después de haber esquivado los automóviles. Mientras recuperábamos el resuello Roberto preguntó si alguien quería conocer y pedalear a través del túnel, el consenso fue «sí, vamos». Con sumo cuidado cruzamos la carretera, luego descendimos unos treinta metros hasta un barranco/arroyo; uno a uno fuimos entrando al subterráneo, yo decidí pasar de último; ya adentro no necesitas pedalear pues al ser una alcantarilla para agua de lluvia el piso es ‘de bajadita’; después hubo que ascender cargando nuestras bicicletas al hombro hasta el nivel de la carretera cerca de la pileta; nuevamente tomamos fotos y continuamos, ahora descendiendo por una terracería bastante empinada y maltrecha, al fondo se miraba el valle repleto de vegetación —verde, el desierto es verde—, allá nos espera un sendero con subidas y bajadas, hileras de plantas con espinas que parecen custodiar los costados de la vía picando a quien se atreva acercarse de más y arenales que obligan a más de uno a apearse de la bírula.

    Habiendo pedaleado seis kilómetros llegamos al camino de servicio de CEA, ahí nos separamos en dos grupos: Cesar y Martín viraron a la izquierda rumbo a la ‘bomba cuatro’, yo les seguí a unos cien metros, el resto se dirigió hacia la derecha; nos van a esperar «al pie de aquel cerro que se mira allá». Estimo que la cuesta que conduce a la planta cuatro medirá un kilómetro de largo con una ganancia de altura de cien metros, luego siguen unos dos kilómetros y medio de pequeñas lomas las cuales pasamos sin contratiempo. Frente a la barda que resguarda la construcción un par de fotos y «vuelta pa’tras, nos están esperando». A mitad del tramo de lomas encontramos a Gabriel decidido a conseguir su foto de ‘la cuatro’; me regresé para acompañarlo; Cesar y Martín continuaron, más adelante aguardaron por nosotros; descendimos rápidamente alcanzando los cincuenta y cinco kilómetros por hora. ¡WOW, lo mejor de subir es bajar!

    En la marca de los dieciséis kilómetros ya nos esperaba el resto del grupo; Barrita estaba con ellos. Reanudamos nuestro recorrido sobre la brecha, paramos a la sombra de un árbol cerca de la carretera, donde nos reagrupamos, luego continuamos juntos hasta el punto de meta, al cual arribamos por ahí de las nueve y media. Esta ruta ha sido la más variada e interesante que he transitado hasta ahora: tuvo subidas, bajadas técnicas, escalada con bici al hombro, túnel, piedras sueltas, arenales, sendero, brecha, camino de tierra, permanente, pavimento, paisaje desértico, espinas que no perdonan y un fiel can que nos escoltó de principio a fin; neta que la próxima vez voy a adoptar uno de esos perros luchones-todo-terreno-guerrero-cuatro-por-cuatro que te siguen a todos lados. Agradecimiento especial a Roberto, que fue el guía de este paseo, te sacaste un diez.

    Nos vemos en la próxima, #hazquesuceda.

    PD: bitácora en strava: goo.gl/t6XppA

  • Hágase el descenso, 2017.

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    La mañana del paseo #11 (septiembre 17, 2017) transcurrió sin contratiempos, y con la buena nueva que el evento había rompido —ok, roto pues— récord de asistencia con un grupo de casi quince participantes. Esa noche me fui a dormir con la nota que una persona local había fallecido a consecuencia de haber ingerido una gaseosa. La mañana siguiente noté bastante actividad en el grupo de Whatsapp: preguntaban por detalles de lo ocurrido; investigué con amigos de poblados cercanos, conclusión: la persona que murió estaba reunida en Cerro Prieto con su familia, afortunadamente nadie de éste grupo resulto afectado. Desde Bírula Planet lamentamos esta triste pérdida, y deseamos pronta resignación a los familiares, que las autoridades tomen medidas preventivas para que no vuelva a ocurrir, que se deslinden responsabilidades y que se apliquen las sanciones correspondientes.

    Pasado el trago amargo del seven envenenado, el entusiasmo por bajar La Rumorosa repuntó; nos organizamos para llevar nuestros automóviles y acordamos reunirnos en el área de descanso que está después del retén militar al pie de La Rumorosa. Y así sucedió…Fast-Forward hasta el día del evento: las notificaciones del grupo de Whats comenzaron a eso de las cuatro de la mañana; las chicas de San Luis avisaban que no vendrían; Omar confirmaba asistencia; Cesar, Jesús, Martín y Roberto venían en camino; Arturo iba saliendo de la ciudad; Gabriel también. A las cinco con cuarenta y cinco llegaba yo al punto de reunión; el área estaba prácticamente desierta: fuimos los primeros ciclistas en arribar.Saludé y me presenté:—¿Tú eres Fernando? ¿El que organiza y no va?—Pues sí, soy yo.

    Acomodamos las bicicletas en la camioneta de Jesús, esperamos unos minutos más y pasados quince de las seis partimos con destino al punto de salida. A paso veloz ascendimos «la rumo»; tan veloz que las llantas chillaban en las curvas. Llegamos(léase: uff, que alivio), estacionamos, bajamos las bicis y demás equipo, nos tomamos unas fotos y pedaleamos hasta el paraje donde sería el banderazo. «Hey Fernando, allá está otro hijo tuyo que pregunta por ti», pues fui a saludar y a conocerlo.Eran veinte minutos después de las siete cuando se escucha que alguien vocea:—Aldo va a llegar a las ocho. ¿Nos vamos o lo esperamos?—Nooo, ya vámonos…—Aldo trae un dron que nos irá siguiendo.—Ahh bueeeno, así sí, hay que darle una oportunidad.

    Avanzamos un poco más en el camino hasta pasar frente a un basurero —donde vimos varios perros hurgando entre los desperdicios—, y más adelante nos detuvimos para escuchar las indicaciones: los downhilleros arrancarían primero, luego los aguerridos montañeros, siguieron los moderados; Jesús, Martín, Roberto y yo íbamos en la parte trasera del grupo. Descendidos unos quinientos metros; Roberto nota problemas con sus frenos; nos detenemos, Arturo, Cesar, Gabriel y Omar nos adelantan, y un cachorro como de unos cuatro meses nos alcanza, «te llamarás Dron, porque nos vienes siguiendo» (awevow). Después de ajustar y lijar las pastas nos pusimos en marcha…— Rrrt, rrrt, rrrrrrt…— ¿Qué es ese ruido?Me detengo y ajusto la bolsa; venía rosando la llanta trasera.Seguimos avanzando, el ajuste no funcionó:—Jesus, ¿traes espacio en tu mochila?—Sí, echala.

    Un par de curvas adelante vi a Roberto descendiendo a toda velocidad, parece que sus frenos funcionan de maravilla; en una recta, la primera baja del descenso: una bicicleta con la rueda trasera hecha nudo pues cayó en un hoyo, afortunadamente el ciclista se encuentra bien; le toca abandonar y ascender empujando la bírula. Continuamos bajando los cuatro juntos: Jesús, Martín, Roberto y yo; bueno, el perro también; parábamos a esperar a quien se retrasaba, a tomar fotos, a ajustar los frenos de Roberto(nunca quedaron bien) y a ayudar a otros ciclistas en apuros. Tirado al lado del sendero, alcanzamos a Jerry, de Tijuana, no traía pegamento para parches y sus tubos de repuesto estaban perforados. Intentamos ayudarle durante unos minutos, mas el pegamento no pegaba, el parche no parchaba y el tubo… pues no tubaba; le deseamos suerte, nos retiramos, Dron se quedó con él; más adelante estaban sus coequiperos con problemas al lado del camino; entregamos el recado: «allá arriba está Jerry ponchado»; más tarde nos alcanza —Dron lo acompaña—, solucionó su problema enrollando cinta adhesiva negra a la cámara —idea de negocio millonario—. Otro kilómetro descendido y otro ciclista varado. Adivinen… nos detuvimos, le socorrimos y nos retiramos. Faltando unos tres kilómetros para llegar a la meta, la bicicleta de Robert pierde aire, otros ciclistas paran a auxiliarnos y aprovechamos para inmortalizar el momento posando frente al lente de un celular para un retrato.

    Más de dos horas después del arranque, cruzábamos juntos por la linea de meta Arturo, Jesús, Martín, Omar, Roberto, yo y otros ciclistas que habíamos alcanzado; abajo ya esperaban Cesar, Gabriel, Jesús Galicia, y todos los demás pues fuimos los últimos en llegar. El trayecto es una terracería zigzagueante; apenas transitable por vehículos todo-terreno; con pendientes pronunciadas, curvas cerradas, superficie de rodamiento irregular y escarpada, grava y piedras sueltas; el desfiladero está presente —ya por la izquierda, ya por la derecha— en los quince kilómetros de emoción producidos a fuerza de gravedad. Ciertamente no se requiere pedalear mucho pero lo agreste de la ruta obliga a usar constantemente piernas y brazos para controlar la bicicleta, los músculos trabajan y se agotan; nos merecemos una bebida bien heladísima. Creo que pudimos haber completado el recorrido en menos de una hora, sin embargo decidimos pedalear como equipo y detenernos a auxiliar a todo mundo —como buenos samaritanos—; la verdad es que super valió la pena por los [nuevos] amigos ciclistas que uno va encontrando en el camino. Por cierto, no recuerdo haber visto al perro llegar a la meta. ¿Sabe alguien qué fue de él?

    Hágase El Descenso es un evento anual organizado por Omar Linares y Aldo Linares. Nos vemos en próximo año, #hazquesuceda.PD: bitácora en strava: goo.gl/UBjMkt

  • Paseos por el valle #11.

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    Después de guiar, la semana pasada el paseo #10 por el Cerro Centinela, Martín lo volvió a hacer: organizó y guió el paseo #11 en Cerro Prieto; con nota sobresaliente debo decir, muchas gracias a todos por coincidir y por hacer que suceda. Este domingo asistieron a la rodada un poco más de una docena de ciclistas, ascendieron a la cima del volcán donde avistaron el Sha-Yii; las fotografías que tomaron atestiguan una muy buena la subida «al cerrito» —sí está mega retador—; pedalearon hasta la carretera Mexicali-San Felipe y finalizaron su recorrido a ritmo intenso. Un gusto ver que el buen Gabriel Perez rueda con nosotros nuevamente y que nuestro amigo Jesús Galicia se encontró con el grupo.

    Tal parece que al final, aprovechando que estaban en «El Michoacan», fueron a alimentar sus estómagos con deliciosas carnitas y a nutrir sus espíritus ciclistas organizando un descenso por La Rumorosa al cual estoy considerando seriamente asistir pues se antoja memorable la experiencia.

    Martín, andas con todo; bieeen.
    #hazquesuceda

  • Paseos por el valle #10.

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    Recién terminando recorrido de Paseos por el valle #9: Cerro Prieto, mientras degustábamos deliciosos burritos sanluisinos, Martín sugirió ir a pedalear al Cerro Centinela la semana siguiente —siento no poder asistir; si tú guías a los que asisten por primera vez, yo publico la invitación—, trato hecho. Y así ocurrió.

    Domingo 5:50AM: mi teléfono sonó y me despertó; alguien ya se dirige al punto de reunión, en el grupo de whatsapp ya hay actividad también: «voy en camino»…»ya llegamos»… «preparando para iniciar»…

    La ruta+ Partir de la Planta de Bombeo PB1 CESPM, Cerro El Centinela.+ Pedalear rodeando por El Centinela por el norte, pasando entre el cerro y la linea internacional .+ Llegar hasta la Planta de Bombeo PB2 CESPM.+ Regresar al punto de partida siguiendo el mismo recorrido en sentido contrario.

    Al rededor de las 10:15, Roberto, Jesús y Martín regresaban al punto de salida finalizando el recorrido y comenzando a subir las fotos al grupo de whatsapp.Muchas gracias por coincidir, espero rodar con ustedes la próxima vez.

  • Paseos por el valle #9.

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    El Paseo

    Arribando a diez minutos para la hora me entero que la llanta trasera de mi bicicleta está baja de presión. Martín ya espera y comienza a prepararse para el arranque mientras yo me dirijo a la gasolinera a inflar la llanta. Poco después llegaban Gabriela y Gabriel, mientras tanto las cuatro chicas de San Luis que van a pedalear con nosotros nos envían un mensaje, ya vienen en camino. Al llegar, el grupo queda así: Conny, Fernando, Gabriela, Gabriel, Grecia, Laura, Martín, Neidy. Después de un par de fotos y un «ahorita no, voy a mi trabajo» de un local que no quiso ser fotógrafo, vinieron las indicaciones de seguridad: «hay perros, cuidado, eso es todo».

    Arrancamos a eso de las seis y media rumbo al volcán como habíamos acordado, buen clima y excelente ambiente. Ascendimos paso a paso —literal— hasta la cima y observamos el dibujo en piedra del Sha-Yii en el cráter; exhaustos pero satisfechos de haber logrado el ascenso; conversamos y bromeamos largo rato, nos tomamos varías fotos, también compartimos cacahuates y barritas. El descenso fue sin contratiempos y con más fotografías, al llegar a las compuertas, Gabriela y Gabriel decidieron regresar al parque; el resto continuamos el recorrido hasta la carretera Mexicali-San Felipe. Recuerdo que varios perros salieron a nuestro encuentro; especial mención para dos peligrosísimos chihuahuas que casi derriban a una de las chicas, cuando el segundo grupo pasó frente a los perritos, estos se miraron uno al otro como diciendo «ládrales tú, yo ya fui». A mediados de la ruta Grecia ajustó la altura del asiento y el dolor que sentía en la espalda aminoró un poco. Paramos varias veces, y mientras unos admiraban el paisaje y los animales de corral alguien más procuraba un matorral discreto donde ocultase por un momento, if you know what I mean 😉 . A paso lento-moderado llegamos a la meta donde continuamos conversando y bromeando. Mientras degustábamos deliciosos burritos que las chicas prepararon y trajeron desde San Luis, Martín sugirió que fuéramos a pedalear al Cerro Centinela el domingo próximo —siento no poder asistir; si tú guías a los que asisten por primera vez, yo publico la invitación—, trato hecho. Martín se marchó primero, las chicas después; nuevamente no hubo bebidas frías. Que bien nos estamos portando eh. 😉

    Los Participantes

    Laura es originaria de Ensenada, desde hace un lustro vive en San Luis; anda en bicicleta desde «hace muchos años»… Y se nota pues descendió parte de la cuesta del volcán ¡sin frenos, compa! Frenando con la suela del zapato. Me contó que cuando recién llegó a San Luis montaba una bicicleta tipo downhill… Y pues, ¿dónde?

    Neidy nació en Guadalajara, vivió en Ensenada, ciudad de legendaria tradición ciclista. Ha montado bicicleta desde que recuerda. Hace unos pocos años se mudó a San Luis Río Colorado. Disfruta el ciclismo de montaña y ha organizado algunos eventos ciclistas.

    Laura y Neidy son socias de un café-restaurante vegetariano en San Luis; habrá que ir a probar. Al momento de redacción de este artículo Café-tólogos no nos patrocina —Café-tólogos patrocinados, ¿no? 😉 —

    Conny practica deportes desde temprana edad; también ciclismo al aire libre desde hace relativamente poco, y lo está disfrutando. Originaria de San Luis, alegre, sonriente y extrovertida.

    Grecia ama el campo y los árboles; hace tiempo que no pedalea. Tal parece que la altura del asiento le viene causando malestar de espalda el día de hoy.

    Martín es ciclista de montaña y urbano; todos los días se transporta en bicicleta de su casa a su trabajo, dónde es encargado de mantenimiento.

    Gabriel, es el economista, banquero y gurú financiero del grupo; segunda vez que pedalea en el valle de Mexicali (y segunda vez con nosotros) se ve animado y sonriente: «el paseo está padrísimo».

    Gabriela, asistente ejecutiva en transición; siempre con el ánimo en alto y la energía a todo: «SAHUAROOOS». Por momentos nos adelanta; parece que trae prisa por subir al volcán —bieeen—.

    Fernando, yo, el que escribe este blog. 😉

    Gracias por coincidir, nos vemos la próxima.

  • Paseos por el valle #8.

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    Después de rodar como el llanero —solitario— el mes pasado, nuevamente invité a todo mundo a pedalear por Cerro Prieto. Eran las 5:50 cuando pasé por el crucero Puebla – Michoacán, más adelante rebasé un automóvil con dos bicicletas en el rack. Llegué al parque del Michoacán faltando dos minutos para la hora; ahí esperaba Martín, cinco minutos después llegaban Gabriel y Gabriela en el automóvil que antes rebasé. Nos saludamos y presentamos, platicamos un momento y nos preparamos para arrancar.

    Comenzamos a rodar a eso de las 6:15. A paso moderado fuimos; el viento ligero se sentía cálido y húmedo; el ambiente era de disfrute: «está muy padre» escuché a Gabriel decir varias veces. Mientras pedaleábamos, platicábamos. Gabriel trabaja en el área de finanzas, es de Guanajuato y recién llegó a Mexicali procedente Magdalena dónde vivió y conoció a Gabriela. Gabriela es de Guadalajara y conoce Mexicali desde hace años y ahora vive acá, comenzó a pedalear en Magdalena después de transitar por un proceso de vida intenso y apasionado: «PURO SAHUAROS, !WUUU!». Martín es encargado de mantenimiento en una compañía en Mexicali; todos los días se transporta en bicicleta de la casa al trabajo y de regreso —el tráfico es complicado en la ciudad—, expresa Martín.

    Aunque aún era temprano por la mañana ya se sentía el calorcito y la humedad nos hacía sudar en serio, tan es así que faltando unos tres kilómetros para llegar al cerro paramos a tomar unas fotos y refrescarnos un poco. Tanto nos refrescamos que reconsideramos la idea original de ascender al volcán. El consenso fue finalizar el recorrido por hoy y volver la próxima semana para subir al cerro… De vuelta al ejido Michoacán después de una segura rodada, a eso de las 9:30, nos despedimos con la propuesta de conquistar la cima dentro de siete días y la promesa de unas bebidas bien frías.

    Gracias Gabriela, Gabriel y Martín por coincidir, espero lo hayan disfrutado.

  • Paseos por el valle #7.

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    Unos tres o cuatro días antes del último domingo de julio —día de rodar— Juan, un buen amigo de la prepa, nos invitó a reunirnos en su casa; hacía bastante tiempo —años, décadas tal vez— que no habíamos coincidido Albania, Claudia, Gabriela, Isabel, Rosa María, Vianey, Juan y Fernando. Platicamos de todo y de nada; del pasado que compartimos, del presente que vive cada quien y del futuro en el que estamos trabajando. Brindamos con bebidas bien frías y degustamos deliciosos wraps de res a la parrilla —ok, tacos de asada pues: chomp, chomp, chomp—. Entre risas, selfies y retratos llega la media noche: me despido pues mañana tengo paseo con Karla.—¿Ya te vas? ¿Eres ciclista? ¿A poco tienes las piernas duras?—Sí a todas la anteriores… Un gusto compartir con ustedes. ¿Cuándo es la próxima reunión?

    La mañana siguiente transcurrió como las mañanas de rodada suelen transcurrir; alarma a las cinco, bañarse y cambiarse, subir la bicicleta y el equipo al carro, y partir hasta el punto de reunión: Ejido Michoacán de Ocampo. Al llegar al parque no miré ningún otro ciclista; comencé a preparar el equipo, y los ciclistas no llegaban; armé la bicicleta, y nada; esperé quince minutos, y nadie más apareció. Okey, tal parece que somos todos los que vamos a rodar. Fue un recorrido típico: perros que salen a ladrar al ciclista en solitario que avanza por la margen derecha del Canal Pacífico hasta la carretera Mexicali-San Felipe, luego viene ascenso al volcán, un par de fotografías de cuando en cuando y finalizar sin mayor novedad en el punto de salida. Ya paseamos, ya nos vamos; nos vemos en agosto.

    Mientras desarmaba la bírula y guardaba mi equipo en el auto, reflexioné: un mes de anticipación, se interesaron sesenta y sieteen facebook, confirmaron nueve, y asistieron… solamente uno —yo, el que escribe este blog—. Y recordé lo que Juan había dicho la noche de la reunión: «invitación a pocos días o a muchos días es lo mismo; el que viene viene y el que no no; si confirma o si no».

  • Paseos por el valle: parte 6.

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    Últimamente el trabajo me ha tenido bastante ocupado y un tanto alejado del ciclismo; también debo confesar que después de no llevarse a cabo el paseo número cinco pensé en no volver a convocar a menos que estuviera yo presente durante el evento. Así pues, era un hecho que no convocaríamos esta semana, al menos en mi mente lo era mas no en la mente de otros ciclistas.

    Era viernes por la noche cuando nuestro buen amigo Jesús Galicia III me contactó preguntando por la próxima rodada, la conversación fue más o menos así:
    — ¿Cuándo la próxima rodada, domingo a las seis, mismo lugar? Voy a invitar a los de mi club.
    — Este fin de semana no puedo asistir pero conoces la ruta, eres bienvenido a guiar a los nuevos; el chiste es que se haga el paseo. ¿Qué dices, te animas?¿Yo convoco y tú los guías?
    — ¡Órale pues! Seis de la mañana, en el parque del Michoacán.
    — Que así sea entonces, muchas gracias.

    El sábado temprano confeccioné la invitación y la publiqué en facebook, en estos cuatro grupos locales relacionados con el ciclismo y con Cerro Prieto: Mexicali en Bicicleta, MTB de Mexicali, Desafío 1000 millas por Baja y Proyecto 10,000 años; un par de horas más tarde habían confirmado asistencia media docena de personas —que bien, con esos seis se arma muy buen cotorreo—. Por la tarde un par de ciclistas solicitaban confirmación sobre el lugar de salida —bamos vien—.

    Domingo por la mañana.
    Llegaron a la cita puntuales cinco ciclistas, dos más tuvieron un contratiempo mecánico-automotriz en el camino —una llanta ponchada— que los retrasó al punto no poder coincidir con el primer grupo. El primer grupo ascendió al volcán mientras que el segundo rodó entre parcelas deteniéndose a tomar fotografías que luego compartieron en facebook. Según conversaciones vía messenger con algunos de los participantes, todos disfrutaron del paisaje y del recorrido; tuvieron una excelente y segura rodada. Muchas gracias a todos por insistir y por asistir.

    Vaya un agradecimiento especial a nuestro buen amigo Jesus Galicia III por guiar a quienes vinieron por primera vez.
    Nos vemos en el próximo paseo entre parcelas y canales del valle de Mexicali.

  • Paseos por el valle: parte 5.

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    Como cada semana desde hace 5 semanas, convocamos al paseo Michoacán – Cerro Prieto…
    Esta sería la quinta vez que el paseo se realizara, sin embargo no se llevó a cabo debido a que nuestro guía tuvo un contratiempo médico; afortunadamente ya se recupera satisfactoriamente. Ofrezco una disculpa a quienes asistieron y no encontraron guía; procuraremos minimizar la ocurrencia de situaciones como esta conviniendo con dos o más personas que conozcan el camino para que funcionen como timonel a quienes asisten por primera vez.

    Antes de finalizar esta mini-entrada, deseo recordarles algunos detalles de esta invitación:


    Costo.
    La admisión a este evento es gratis.

    Invitación abierta.
    + Todos bienvenidos.
    + Cada invitado invita a otro.
    + Nivel principiante, amateur e intermedio.
    + Este paseo es auto-organizado por amigos(y nuevos amigos).
    * Cada quien es el principal responsable de su propia seguridad.
    * Cada quien es responsable de su propio abastecimiento.

    ¿Qué traer?
    + Bicicleta de montaña en buena condición mecánica.
    + Casco, guantes, lentes, bloqueador solar.
    + Botella con agua. ¡MUY IMPORTANTE!
    + Fruta, barra energética y/o alimentos para consumir durante el recorrido.
    + No olvides tu teléfono o cámara para tomar muchas fotos.

    Seguridad.
    + Las personas que participan en este evento lo hacen de forma voluntaria, responsable e informada.
    + Cada participante conoce y asume los posibles riesgos de practicar esta actividad al aire libre.
    + Cada participante se conducirá de forma prudente a fin de no ponerse en riesgo innecesario ni a los demás.
    + Cada participante es el principal responsable de su propia seguridad y abastecimiento.

    ¿Quién organiza?
    Todos: nosotros, ustedes y ellos…
    La idea es que entre todos nos auto-organicemos para disfrutar del campo y de los paisajes,
    que quien ya conoce la ruta guíe a quien viene por primera vez,
    rodearse de nuevos amigos ciclistas y disfrutar de una rodada segura.


    Volveremos la próxima semana.

  • Paseos por el valle: parte 4.

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    Por cuarto fin de semana consecutivo se realizó el paseo entre parcelas y canales del valle de Mexicali —con ascenso al volcán y toda la cosa—. Asistieron cuatro ciclistas: Ruben, Luisa y Xe, que ya conocen la ruta pues la pedaleamos juntos la semana pasada, y Elvira que vino a recorrer nuevos caminos; tú muy bien, espero que lo hayas disfrutado. Según me comenta Xe, una vez más tuvo que abandonar debido al cansancio; eso es normal, pero si insistes y persistes la buena condición llegará; recuerda que es un proceso, no un evento. Por su parte Ruben, Luisa y Elvira, continuaron el recorrido, subieron al Cerro Prieto y se dieron tiempo para apreciar la figura del Shayii dibujada con piedras en el cráter, bueno hasta se tomaron un par de fotografías; espero que hayan tenido buena diversión y excelente convivencia; ojalá pronto volvamos a coincidir. Aprecio que hayan asistido, por favor hagan suyo este paseo, logremos juntos «que quien ya conoce la ruta guíe a quien viene por primera vez»; ustedes muy bien.

    Gracias y felicidades por haber logrado vencer las sábanas esta mañana; seguiremos invitando cada semana mientras las temperaturas lo permitan.

  • Paseos por el valle: parte 3.

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    La tercera es la buena, dice la sabiduría popular. Así como el segundo paseo tuvo doble de éxito que el primero; el tercero tuvo el triple que el segundo pues participamos siete ciclistas: cuatro de ellos se transportaron en bicicleta desde la ciudad de Mexicali y tres más en automóvil desde diferentes puntos; sus nombres: Ruben, Luisa, Marisol, Guillermo, Xe, Razo y Francisco.

    Llegamos todos al punto de reunión al filo de la hora. Xe observó en el parque dos polluelos de búho que habían caído de su nido así que decidió llamar al 911 y reportarlo a la patrulla ecológica; esperamos unos minutos y partimos al rededor de las 6:10 AM. Como suelen ser las mañanas en los campos de cultivo del valle, ésta era soleada, fresca y hacía una agradable ligera brisa. Sin otra preocupación que disfrutar del paisaje y tomar fotos, transitamos entre parcelas hasta llegar al Canal Pacífico y después hasta la segunda compuerta donde Xe decidió no continuar con el paseo; se apreciaba un tanto agitado y sudoroso; nos despedimos y el resto del grupo continuamos hacia la carretera Mexicali – San Felipe para luego retornar por la margen izquierda del mismo canal hasta llegar a Cerro Prieto.

    Al pie del volcán tuvimos una pequeña conversación sobre si subir o no subir, ese era el dilema. ¡Pues subimos! Pedaleando o empujando la bírula llegamos todos hasta la primera estación de antenas; justo ahí donde termina el empedrado y comienza el camino de cemento; después de otra sesión de fotos, la cuestión sobre seguir ascendiendo se repitió: Luisa, Marisol y Francisco decidieron ir hasta el cráter para avistar al Shayii mientras que Razo, Ruben y Guillermo esperarían en el lugar.

    Subiendo y tomando fotos, llegando al borde del cráter y tomando fotos, observando el dibujo en el lecho y tomando fotos, bajando y adivinen… ¡tomando fotos! Cuando el grupo se reunió nuevamente, Ruben ayudaba a Razo a ajustar su bicicleta; Luisa y Marisol contaban, maravilladas, lo que acababan de presenciar allá en la parte mas alta del cerro… Ya es hora de regresar —mucho cuidado al bajar, atentos al freno—. Lo cierto es que cada quien asciende y desciende a su propio ritmo; los que se adelantaron esperaron bajo la sombra de unos mezquites a quienes venían detrás, la brisa matutina se había convertido en viento ligero, muy agradable. Reunido el grupo, aprovechamos un momento más del cobijo de esos árboles, luego pedaleamos más o menos rápido, sin detenernos, hasta llegar a la meta. Siendo las diez de la mañana y estando oficialmente sedientos, conseguimos unas bebidas de esas hidratantes-refrescantes-alegrantes(solo una pues habrá que manejar o pedalear de regreso a casa). Bien merecida la bebida y muy amena la charla —esto de ser ciclista me gusta—, unos cuarenta y cinco minutos después: «aquí se rompió una taza, cuidado con los pedacitos»…

    Muchísimas gracias por asistir; muy buena rodada y excelente compañía; disfrutamos del paisaje y del aroma a campo, además no encontramos perros-entrena-ciclistas. Ojalá que volvamos a coincidir.

     

  • Paseos por el valle: parte 2.

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    Perros en el camino.

    Después del éxito del paseo del fin de semana pasado —el cual pedaleé en solitario—, convoqué nuevamente, diré que esta vez asistieron el doble de ciclistas que la vez anterior, por tanto diré que el éxito fue doble también. Durante la semana media docena de personas manifestaron su interés de pedalear con nosotros por los canales del valle de Mexicali, para la noche previa al arranque prácticamente todos habían desistido —yo de todos modos iré—, pensé. Esa noche dejé todo preparado: casco, zapatillas, guantes, agua, fruta… y bicicleta; buenas noches. Cuando escuché la alarma sonar eran ya las 5:15 AM —aghh no, ¿¡otra vez tarde!? Después siguió el ritual matutino: bañar, desayunar, cargar el equipo y partir. Está amaneciendo, la carretera está libre, sin tránsito, el trayecto vía carretera San Felipe es ágil, ello no evita que llegue al ejido Michoacán al filo de la hora citada 6:00 AM —es decir, técnicamente tarde 🙁 —. Saludé a Jesús, el otro ciclista que acudió a la invitación, y me preparé rápidamente, luego de cinco minutos mi bicicleta y yo estábamos listos, aún esperamos otros cinco y partimos pasando diez de la hora. Tan pronto arrancamos Jesús dice «por aquí hay muchos perros en la calle y allá en el Pacífico también».

    Al doblar la esquina se aprecian a unos veinte o treinta metros dos reuniones de perros, el líder del primer grupo aparenta ser un can adulto, robusto, orejas cortadas, de complexión musculosa y mirada punzante; por ahora no están interesados en entrenar ciclistas, sus prioridades son otras, cuando nosotros reducimos la velocidad frente a ellos hasta casi detenernos solo nos observan en tensa calma protegiendo su posición pues en el grupo hay una hembra en calores; cuando ella se mueve los demás la secundan; corrección: la que manda es ella. El segundo grupo está compuesto por individuos jóvenes, casi cachorros, curiosos, tal vez quieran jugar a muerde al ciclista —hoy no, chicos—; nuevamente superamos el contratiempo sin mayor dificultad.

    Las escenas de ciclistas atentos al camino y al canino, y de perros que ladran, amagan el ataque para luego retractar, y de humanos transitar al lado de la jauría sin dañar se repiten cada día; no es la primera vez que nos hemos encontrado y seguramente no será la última; aquí dejo esta mini-guía acerca de los perros en el camino:

    Primero (50 a 100 metros). Conservar la calma y estar atento al camino y a los alrededores, identifica con ojos y oídos la posible presencia de caninos.

    Segundo (10 a 50 metros). Conservar la calma y evaluar la situación respecto a la cantidad, posición e intención que tienen los perros. Es muy importante aprender a «leer» su lenguaje corporal y ladrido, ¿está avisando? ¿invitando a que te alejes? ¿anunciando carga? ¿atacando? Los canes son territoriales, te advertirán que estás en sus dominios, que te andes con cuidado. Si todo va bien, no pasará de un ladrido tipo «aléjate humano», dejarás de parecer interesante y volverá rápidamente sus actividades perrunas.

    Tercero (5 a 10 metros). Conservar la calma y mantener una distancia segura. Siempre habrá algún chucho que se acerque un poco más. No, no aceleres el paso, eso podría azuzar al animal, la presa eres tú, no es bonito y no terminará bien. Es recomendable disminuir la velocidad, incluso desmontar de la bicicleta y posicionarte detrás de ella a manera de escudo para aparentar ser más grande, con esto la gran mayoría de los perros desistirán de seguir avanzando.

    Cuarto (1 a 5 metros). Conservar la calma y «dialogar». Algunos cuadrúpedos serán más osados acortando la distancia a un par de metros, es momento de usar tu voz firme para demostrarle que tienes el control, ordena que se aleje y vaya a casa —no entiende español pero entiende tu tono de autoridad—, acompaña el mandato con un ademán por lo alto o finge recoger una piedra. Muy pocos perros sostienen su intención de seguir avanzando después de esto.

    Quinto (menos de 1 metro). Conservar la calma, y limitar y contener ataque. A pesar de todo lo anterior el perro no desiste, emprende la carga e insiste en morder… ¿cómo fue que llegamos a esta situación? Ahora tu prioridad es evitar que te haga daño: posiciona tu cuerpo detrás de la bici a manera de barrera, dale algo para morder —algo que no seas tú— un tubo, una prenda, la botella de agua o la bomba de aire y aprovecha la distracción para poner distancia lentamente.

    Sexto (siempre, a toda distancia). Conservar la calma, evitar confrontación y des-escalar la situación progresivamente hasta que ambos estén seguros. Si te produce sensación de seguridad podrías llevar un par de piedras en el bolsillo y usarlas a manera de «disparos de advertencia». Tal vez podrías remplazar las piedras por bocadillos, al olfatear comida irán por ella y puede que hasta te consideren amigo (hazlo con cuidado, a una distancia segura, no lo he probado y no sé si esto funciona). También hay de venta en el mercado repelentes a base de ultrasonido o sustancias irritantes que le causan dolor temporal pero no hacen daño permanente. Recuerda que ellos no tienen el instinto de cazar ciclistas para comer; no son malvados pero es posible tengan dueños irresponsables incapaces de corregir sus malos hábitos o que estén de hecho abandonados. Hagas lo que hagas, respeta al animal, a menos que sea una situación en que tu seguridad o tu vida esté en inminente peligro, es tu deber prevenir dolor y/o daño innecesarios.

    Todos los ciclistas que asistimos al paseo —dos— completamos el recorrido ejido Michoacán > Colonia Pacífico > Cerro Prieto (con subida y toda la vaina) > ejido Michoacán sin más novedad que haber ejercitado piernas y corazón, apreciando el paisaje, respirado el aire fresco de la mañana, conversando de hazañas en bicicleta y planeando la próxima rodada; lo más importante es que ningún humano y ningún canino resultó lastimado durante la realización de este paseo ciclista entre parcelas, canales y ascenso al volcán ni durante la confección del presente artículo. 😉

    Felices y seguras rodadas. 🙂

  • Paseos por el valle: parte 1.

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    Han pasado como 70 días desde mi anterior artículo y como 40 desde mi más reciente rodada. ¿Qué rápido pasa el tiempo? ¡Que rápido pasa el tiempo! Ya fue por motivo de salud o trabajo no he escrito ni pedaleado en semanas —no había—, hoy por fin se hizo la machaca para ambas-dos. Así que no me extrañen ni me esperen pues ya volví. 😉

    En el Valle de Mexicali.Hace unos días decidí pasar unas semanas en casa de mi padre en el Valle de Mexicali, Baja California, México; el plan original era reanudar las rodadas con Lorena (mi bicicleta de ruta), durante las tardes, por las calles y carreteras locales… pero… ammm… esteee… bueeeno… Debo decir que no percibo a los automovilistas de esta región como personas malvadas, solo un poco faltos de pericia, por tanto prefiero no exponerme a riesgos innecesarios, al menos por ahora; digamos que no es miedo sino precaución. Así que aplicando un [no tan rápido] cambio de plan y [sí muy conveniente] cambio de bicicleta; será con Carlota (mi bicicleta de montaña), será durante las mañanas y será por los canales de irrigación del Valle de Mexicali donde pedalee estos próximos días.

    Consiguiendo compañeros de pedal.Preferible rodar en pareja o grupo que sólo; es más ameno y seguro pues en caso que algún incidente le ocurriera a uno el otro podría salir corriendo gritando despavorido a pedir auxilio —mejor no, siempre conserve la calma—. Así pues, organicé un evento en Facebook, «huy, asistirán muchos ciclistas, y tomarán muchas fotografías, y será un éxito», eso imaginé. Ok, acepto que tal vez la organización fue de último minuto, fue por la emoción pues.

    Sábado, 20-mayo-2017:00:15: publicación/invitación al evento.

    Domingo, 21-mayo-2017:05:00: suena la alarma.05:30: agua: check, casco: check… ¿qué falta? ah sí, la bici… bicicleta: check, listo, vámonos.05:45: oh cielos, olvidé mi celular, alguien más tendrá que tomar las fotos.05:58: llegando al punto de reunión: —uff, pensé que llegaba tarde—.06:05: parece que ahí vienen otros [ciclistas]… no, no son, ni modo, así es la vida.06:10: tal vez ya no vino nadie.06:15: bueno, comencemos: semos na’mas tú y yo, Carlota…

    La Ida.Estacioné mi auto frente al parque del ejido Michoacán de Ocampo, este parece un pueblo tranquilo y relativamente ordenado (al menos a esa hora de la mañana), desde temprano se aprecia gente que se dirige a sus labores en el campo, algunos se transportan en camioneta y otros en bicicleta (sí en domingo, los cultivos también crecen los domingos). Visto el equipo y armo la bicicleta; ojos curiosos dicen buenos días, un ciclista recogiendo latas de aluminio; aseguro casco; monto bicicleta y tomo rumbo sur entre las parcelas hacia el canal alimentador y después hacia el volcán. Me encuentro un grupo de perros por la calle, no creo que sean perros callejeros, solo están en la calle siendo perros; me miran, los miro —nos miramos—, me ladran —no les respondo pues no sé el idioma—, pierden el interés rápidamente y regresan a lo suyo; tal vez están acostumbrados a ver ciclistas.

    Al transitar por entre las parcelas ya está totalmente amanecido; la mañana, aunque soleada, es fresca; el campo huele a tierra mojada, y a mezquites, y a hierba, y un conejo cruza delante de mí a toda prisa, y a lo lejos están los regadores concentrados en sus labor, y hasta llegar al pie del volcán encuentro cero tráfico de automóviles, y también me parece que hay menos basura que otras veces que he pasado por aquí.

    El Cerro Prieto.La vereda que lleva a la cima del volcán está recubierta de empedrado desde el pie hasta la primera estación de antenas, de cemento a partir de ahí hasta la segunda estación de antenas y por último un tramo de terracería en franco mal estado que lleva hasta la parte más alta. La primera sección está «pedaleable» tanto en ascenso como en descenso, la segunda es la más inclinada de todas, aun no logro vencerla en subida aunque alguna vez ya me atreví en bajada, y la tercera… la tercera no me provoca pedalear por ahí ni de ida ni de vuelta, mejor bajarse y empujar la bicicleta. 😉 Otra forma de clasificar podría ser: rompe-piernas, rompe-corazones, rompe-madres. 😮

    El Regreso.Sin duda esos cuarenta días sin actividad me pasaron la factura: al llegar a la parte pavimentada, las piernas me ardían y me faltaba el aire; intenté dos veces subirla y las dos veces la pendiente me dijo «hoy no, chico». La vista del valle desde lo alto del cerro es espectacular —no diré más, tienes que ir—. El descenso es más amable con pulmones y piernas mas no con brazos y manos; mucho cuidado al bajar, si no traes buenos frenos mejor será no subir primeramente. Regresando sobre mis pasos —o sobre mis rodadas— me detuve un momento a orillas del canal para contemplar, como hipnotizado, cómo fluye el agua por las compuertas. Aún es temprano mas lo cálido del sol ya comienza a picar en la piel. Luego de unos minutos reanudé mi marcha y llegué al punto de donde había partido unas dos horas antes. Desabrocho el casco, desarmo la bicicleta, me cambio de zapatos, guardo mi equipo, monto en mi auto y me dirijo a casa. Fue una buena rodada; ya me hacía falta acción.

    Al final no asistieron otros ciclistas a la cita, tampoco hubo ninguna fotografía, pero sí considero que ésta rodada fue un éxito 🙂 . Bueno será repetir la próxima semana, esta vez acompañado.

  • ¿Dónde rodar?

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    Por fin decidiste incursionar en el ciclismo recreativo. ¡Bien por ti y por tu salud!Ahora la pregunta es, ¿dónde demonios voy a pedalear?La respuesta es sencilla: donde sea seguro, permitido y adecuado para el tipo de bicicleta que tengas.Analicemos rápidamente cuatro tipos de bicicleta: ruta, montaña, cyclocross y urbana.

    Bicicletas de Ruta.También llamadas de carretera, de carreras, rutera o road bikes.Son maquinas ligeras, elegantes y rápidas. Usualmente están construidas en aluminio o carbono, vienen equipadas con llantas lisas y delgadas. Ideales para pedalear velozmente distancias entre 20 y 200 kilómetros (o más), debido a su geometría tienden a ser un poco incomodas por lo que se recomienda el uso de short con chamoy, zapatillas y guantes.Sí-sí: pensadas para rodar sobre superficies asfaltadas o pavimentadas como ciclo-pistas, calles y carreteras en buen estado, toleran un poco de arenilla (pero solo un poco) en el camino y se comportan muy bien bajo la lluvia o en suelo mojado —siempre extremando precauciones—. Dependiendo del grupo de componentes con el que cuentes, podrás ascender cómodamente (esto es relativo) puertos de montaña y cuestas de inclinación considerable —recuerda: siempre sobre superficies de asfalto o pavimento en buen estado— y disfrutar de un descenso seguro —siempre que no excedas los límites de velocidad ni la capacidad de los frenos—.No-no: evita los caminos de arena, grava, lodo, pasto, veredas y en general toda superficie blanda; las llantas delgadas no se portan nada bien aquí. En piso mojado o con lluvia sé extra-cuidadoso con las manchas de aceite en medio del camino, con los balizados y con las tapas de metal de alcantarillas pues los neumáticos lisos no tienen buen agarre y podrías derrapar. La distancia de frenado también se incrementa en presencia de agua o lodo.

    Bicicletas de Montaña.También se les conoce como bicicleta todo terreno, BTT, mountain bike o MTB.Son ingenios de construcción resistente y diseño atractivo, mucho más robustas que una road bike. Por lo general están hecha de acero o aluminio reforzado, aunque últimamente también las hay de carbono, sus llantas son anchas con gajos. Perfectas para hacer recorridos campo traviesa de 20 a 120 kilómetros (o más), aunque son más cómodas que una rutera, también son más lentas —por el tipo de superficie y por su propio peso—, se recomienda usar chamoy, zapatillas y guantes. Usualmente vendrán equipadas con frenos de disco; estos tienen una capacidad impresionante para detener la bicicleta.Sí-sí: dado que las MTB no necesitan superficies lisas, puedes rodar fuera del camino sobre arena, grava, lodo, pasto y veredas —siempre que estas no sean excesivamente blandas y profundas—. El piso mojado o la lluvia no son problema para ella —de cualquier modo, siempre anda con cuidado—. Ascender puertos de montaña y cuestas no es obstáculo tampoco pues tendrás cambios de sobra para tal propósito y el descenso es, en general, más estable aunque más lento que con una de ruta.No-no: evita los arenales, —¡agh, malditos arenales!—. Ten cuidado con los lodazales y con los charcos pues nunca sabes que hay debajo ni que tan profundos son. Respeta las plantas y ellas te respetarán, especialmente las que tienen espinas. A menos que poseas la destreza y el equipo adecuado para downhill, también aléjate de las bajadas muy escarpadas y de los precipicios. Recuerda que montas una bicicleta no un tanque de guerra.NOTA: el pavimento gasta mucho más rápido las llantas con gajos; el que la MTB ‘pueda’ no significa que ‘debas’ rodar siempre sobre estas superficies.

    Bicicleta tipo Cyclocross.A simple vista parece una road bike con frenos de disco y llantas delgadas con gajos… ¿¡QUE!?Podríamos decir que es una cruza muy interesante entre una road bike y una MTB, las hay de aluminio y carbono. Instalando las llantas adecuadas se portan muy bien en superficies duras y semi-duras, esta bicicleta no teme a las largas distancias en carretera, ni a las veredas de gravilla, ni a la lluvia, ni al lodo superficial, ni al pasto. Es muy ágil subiendo puertos de montaña y la bajada no es problema pues es tan ligera como una rutera y tan potente al frenar como una de montaña, aun en ambientes con agua o lodo. En resumidas cuentas es una máquina sumamente versátil. Al igual que en las MTB, aléjate de charcos, lodazal profundo y los arenales —¡agh, malditos arenales!—.

    Bicicleta Urbana.Diseñada para transitar en las calles de la ciudad. Buena combinación: ligera, la más cómoda y relajada de las cuatro, suficientemente reforzada para llevar cargas ligeras, usualmente construida en acero o aluminio y equipada con guarda-fangos. Tiene llantas más lisas que una MTB y más anchas que una de ruta; puede transitar elegantemente en pavimento y veredas de superficie semi-dura, hasta hay algunas que son eléctricas pero eso ya es otra categoría. Prácticamente cualquier bicicleta es convertible en urban bike; el ‘kit de conversión’ sería más o menos así: neumáticos semi-lisos anchos, guarda-fangos, asiento cómodo, pedales de plataforma, parrilla o canastilla, luz blanca delantera, luz roja trasera y timbre-campana.

    Sea cual sea la bírula que elegiste, investiga si tu comunidad cuenta con ciclo-pistas libres de automóviles o parques para ciclismo y sácales el máximo provecho. Consulta y aprende el reglamento de transito, pedalea solamente en las zonas permitidas tomando todas las precauciones y respetando las señales. Al pedalear en la vía publica, ten en cuenta que usualmente las normativas permiten la circulación de bicicletas solamente sobre las calles y ciclo-pistas, no sobre las banquetas; estas son para los peatones. Algunas comunidades y automovilistas son más bike-friendly que otras; sé precavido, respetuoso y SIEMPRE utiliza el casco.

  • Tus primeros cien.

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    No te voy a mentir, para un ciclista principiante como yo pedalear por primera vez cien kilómetros en un día no es nada fácil —es muy difícil— es lo que en México llaman «una chinga».

    ¿Entonces, mejor así lo dejamos?¡Ja! Ni de broma. Claro que no. La satisfacción de alcanzar esa meta por vez primera es inigualable; te sientes el rey del mundo. Después de ello, seguro no te podrás mover durante tres días, luego recordarás todo lo que pasaste para conquistar el objetivo y sonreirás; bueno un poco nada más porque hasta hacer eso te va a doler… o tal vez no. 😉

    ¿Cómo se consigue?A menos que hayas heredado una genética a prueba de balas o que lleves un tiempo razonable haciendo otra clase de ejercicios, tus primeros cien no son un evento sino un proceso que te llevará varias semanas de entrenamiento y recuperación durante las cuales habrá días buenos y días malos. No os desesperéis que Roma no se hizo en un día y tus primeros cien tampoco se harán así; mucha paciencia pero sin excesos, disciplina pero no castigo, constancia pero no obsesión —ya sabes, lo de siempre—. Vamos por partes, voy a dividir este proceso en ‘antes’, ‘durante’ y ‘después’. ¿Por qué? Porque sí, ¿por qué no?Otra cosa: mi impresión es que pedalear cien kilómetros durante un evento ciclista organizado es más llevadero que hacerlo a solas pues la compañía de otros ciclistas motiva bastante.

    Antes.La preparación es importante.Entrena, entrena, entrena… Pero no te excedas. Las primeras sesiones son las más difíciles; ya después le tomas gusto. Entrena con la bicicleta y sin ella, es decir, establece tus rutinas para alimentarte, dormir y pedalear. Observa minuciosamente el efecto que tienen en ti todo lo que comes y bebes antes, durante y después de pedalear, toma nota de la cantidad y calidad de sueño en tus días de entrenamiento y de los cambios que notes en ti. Ve incrementando la distancia e intensidad de tus entrenamientos poco a poco, digamos 5 a 20 por ciento cada semana.Por ejemplo: si comienzas con 10 km la primera semana con incrementos del 20%, teóricamente, en 14 semanas estarás haciendo recorridos de 100 kilómetros.NOTA: esto es sólo un análisis teórico-matemático, no un programa de entrenamiento ni consejo médico. En caso de duda consulte a un profesional.

    Durante.Esta ‘carrera’ comienza el día anterior, come bien, duerme bien y relájate. Deja todo preparado desde entonces: bicicleta, casco, zapatillas, herramienta, ánforas, fruta, barras energéticas, etcétera. El día de la ‘carrera’ tómalo con mucha calma, son tus primeros cien; es un paseo no una competencia. Mentaliza, solo tienes que pedalear un kilómetro —cualquiera puede hacer eso—, y repetir 100 veces, eso es pan comido. ¿Te adelantaron? Déjalos que se vayan; solo estás compitiendo contra ti mismo; guarda esas energías, las vas a necesitar. Bebe un poco de agua cada cierto tiempo digamos cada 15 – 30 minutos y come antes que sientas hambre. Haz paradas cortas en los puntos de abastecimiento —no más de 5 minutos—, bebe un poco de agua o bebida preparada, come algo de fruta, rellena las ánforas, estírate y continúa el trayecto. Recuerda que la velocidad mata, no corretees, pedalea eficiente; concéntrate en mantener un paso cómodo, ni muy-muy ni tan-tan, una vez que lo consigas, disfruta del paisaje y de la compañía, sonríe, saluda y haz plática. ¡Muy bien! No olvides tomar fotos y encender el ‘strava’.

    Después.Sonríe, lo hiciste.Ya eres parte del ‘club centenario’.Disfruta la sensación. ¿La sientes?Hidrátate y come algo.Lo conseguiste. ¿Gustas una cerveza?Tu rostro refleja al tiempo algo de agotamiento y satisfacción.¡Salud! ¿No que no se podía? 🙂

    Durante los siguientes días, tus músculos tal vez estén agotados, doloridos y hasta inflamados. Continua la hidratación, aliméntate bien para reponer los nutrientes gastados, relájate; consigue una sesión de masaje -eso ayuda muchísimo-, asegúrate de encontrar el tiempo para poner tu cuerpo en ‘modo reparación’ y dormir ocho horas continuas. Si el dolor llega a categoría ‘insoportable’ entonces consulta a un profesional de la salud. Aprende a escuchar las señales que tu cuerpo te envía y nunca las ignores; no duele igual la fatiga que la herida.

    Después, después.Podrías comentar con otros ‘centenarios’ —nuevos amigos tuyos— los detalles de esta experiencia, subir las fotos a facebook, comparar los tiempos en strava, platicar a otros no-ciclistas sobre las ‘increíbles hazañas’ que has conseguido…Vaya, que hasta podrías escribir un blog sobre el tema. 😉

  • Te vas a morir.

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    … todos moriremos algún día, eso es seguro.No sabemos dónde y no sabemos cuándo pero tal vez podemos influir un poco en el cómo.

    La muerte te acompaña a todo lugar, te observa a cada momento con una paciencia que da escalofríos y toma mil formas.En la ciudad respiramos gases venenosos, en el campo hay animales peligrosos. Si caminas o corres por la calle un auto podría llevarte al otro mundo. Si vas a la montaña al caer de las alturas y en el mar los calambres al nadar. Si sales a pedalear los peligros son atropellamiento, caída y colisión. Al escalar un puerto de montaña podría fallar el corazón y en la bajada fallar los frenos sin razón. Es verdad, la velocidad mata pero la inmovilidad también lo hace, si te quedas media vida en la ‘seguridad de tu sofá’ tal vez ella venga por ti en forma de diabetes o enfermedad cardíaca. En el hogar te acechan el gas, la electricidad y el resbaloso jabón en la bañera. De cualquier modo morirás; todos moriremos un día… pero los otros días no… los otros días ¡a vivir!

    Camina o corre o nada o pedalea –o todo–, que le cueste alcanzarte. Viaja o emprende tu pasión o ríe a carcajadas –o todo–, que le cueste acorralarte. Mejor, que tengas buena historia que contarle y sonrisa y mirada sin temor.

    Mientras llega el día, poco a poco y sin rendirte, pedalea diez kilómetros primero, cien después, luego mil y otros mil, sube ese puerto de montaña, cien metros de ascenso y otros cien, luego disfruta del bajar. Viaja lejos y cuando regreses vete otra vez, a otro país –a otros países– de Alaska a Patagonia, de Portugal a Turquía, de Marruecos a Sudáfrica a Etiopía, luego Rusia, India, China y Oceanía. Si no lo haces tú, nadie lo hará por ti, nadie puede, tienes que hacerlo tú. Dale, vete en bicicleta. Sí, en bicicleta. ¡Claro que se puede! Vete, ni el primero ni el último serás. Te parece que es una locura, pues claro que lo es, mas más locura es el mundo no conocer. No temas, visitarás miles de lugares interesantes, encontrarás a muchas personas buenas –el mundo está lleno de ellas–, comerás cientos de platillos diferentes y beberás licores efervescentes. Quienes lo han hecho dicen que valió la pena; lo llaman ‘tu sueño perseguir’.

    Y cuando el día llegue, tú ya habrás vivido.¿Y lo viajado quién te lo quitará? 😉

  • El sillín.

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    Sí, pedalear la bírula fortalece el corazón y protege el cerebro.Sí, montar la cleta regularmente mejora los niveles de colesterol.Sí, andar en cicla ayuda a alejar la diabetes.No, la bicicleta no causa infertilidad.No, el ciclismo no provoca disfunción eréctil… O bueno, más o menos.

    ¿Qué ocurre allá abajo?Pues que en condiciones normales, la erección es provocada por un fenómeno de presión de flujo sanguíneo, por tanto si la circulación se ve reducida en las arterias que irrigan esa zona o los nervios responsables se ven comprimidos o dañados, la respuesta al estímulo que provoca la excitación también se verá afectada. Por lo tanto, montar bicicleta puede causar disfunción eréctil. Parece muy lógico, una cosa lleva a la otra, hasta solían decir «existen dos tipos de ciclista: los que son impotentes y los que serán impotentes», sin embargo la nueva evidencia indica que los daños pueden evitarse utilizando el equipo adecuado de la forma correcta.

    Lo bueno.Los que practiquen ciclismo de forma correcta y con regularidad sabrán y disfrutarán de los beneficios del ejercicio: mejores niveles de glucosa/insulina, triglicéridos y colesterol, músculos más fuertes y eficientes, mejor respiración y resistencia, corazón más saludable, perderán un par de kilos y hasta tendrán relaciones sexuales más vigorosas; un largo etcétera completa la lista.

    Lo malo.Todo beneficio se irá al carajo si lo bueno se hace mal.Una bicicleta de medida equivocada o mal ajustada puede provocar lesiones en hombros, cuello, muñecas, rodillas, espalda, y claro, en las pelotas también.El sillín, o asiento, debe adaptarse a la anatomía del ciclista, esto es: que los puntos de presión sean isquiones y glúteos, no perineo –eso, o tu amigo pagará–.El acolchado (chamoy) del short de ciclista debe ser el adecuado, ni muy-muy ni tan-tan pues ambos casos pueden ser factor para producir presión en el nies*.Pasar demasiado tiempo sobre el asiento en una sola posición ejerce presión continua sobre nervios, arterias y venas en la zona del perineo, esto aumenta el riesgo de daño.En resumidas cuentas, la bírula destruirá tu vida sexual a menos que atiendas a las señales que tu cuerpo te envía:1. Durante el pedaleo: sensación de presión, hormigueo, adormecimiento y dolor en la zona genital, piernas o espalda.2. Horas después: enrojecimiento, inflamación, hormigueo, adormecimiento, dolor en perineo y piernas.3. Días después: dolor, infección en vías urinarias, perdida de sensibilidad.NOTA: birulaplanet.com no da consejos médicos, en caso de duda por favor consulta a un profesional de la salud.

    * NiesDel lat. tardío perinaeon, y este del gr. περίναιον perínaion.Región anatómica que ni es ano, ni es testículo, ni es vulva.

    Lo feo. Si no atiendes las primeras señales, estas van a progresar, tenlo por seguro. Te lo diré de otra manera; acompáñame a leer esta triste historia:

    Un día, Clicista sintió hormigueo: lo ignoró…Otro día, Clicista sintió dolor: lo ignoró…… Un día a Ciclista se le apagó y ya no prendió.Ya no prendía y la novia con Ciclista se enojó.Le daba y le daba, y no hacia ni chispitas, Ciclista se asustó.«Al médico ahora te vas y visitas», la novia a Ciclista le exigió.«S.S.P.M», en la receta el doctor escribió.«Sano, Sanote Puro Machote», Ciclista pensó: «Solo Sirve Pa Mear», el galeno le aclaró.FIN.

    Que no te pase. Por cierto, esto no solo afecta a los varones; una bicicleta mal ajustada también puede ser perjudicial para las mujeres ciclistas.

    El remedio.Prevenir, ajustar, corregir, repetir.Acude a tu tienda local especialista en bicicletas para que te realicen un ‘bike fitting’, algunos establecimientos también ofrecen prueba de diferentes tipos de sillín (divididos, con hendidura central, con nariz baja y sin nariz) experimenta con varios y elige el que mejor te convenga. Si se siente incomodo tal vez está mal ajustado, corrige. Tampoco exageres, los ajustes drásticos y frecuentes no son recomendados, una vez que obtuviste las medidas base de tu bike fitting mantenlas por unos días para acostumbrarte, si la incomodidad continúa o empeora entonces reajusta de a poco. Durante el pedaleo cambia de posición en el asiento o párate en los pedales cada cierto tiempo, digamos cada 15 minutos. Después de pedalear es muy recomendado que por salud busques a tu pareja y se den lo suyo 😉 –bueno, y si no tienes pareja pues toca ejecutar el ‘modo de acceso manual 😛 ‘–. Es común sentir malestar por unas horas después de entrenar durante las primeras semanas pero si persisten ajusta, si continúan progresando deja el ciclismo por unos días, si el malestar no cede a pesar de los ajustes acude con un profesional de la salud y sigue sus indicaciones. La conclusión es que asiento y bicicleta a la medida, del tipo adecuado y correctamente ajustados te van a ahorrar dolores de cabeza… y de perineo, literal. Que quede claro, la disfunción eréctil parece más probable personas con estilo de vida sedentario que en ciclistas, así que pedalea sin temor.

    Felices pedaleadas. 🙂

  • El casco.

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    Como dice el viejo y conocido refrán: «ciclista precavido… utiliza casco» –o bueno, la idea es esa–.Al paso del tiempo persiste el debate sobre si el casco protege o es solo ilusión, los argumentos de ambos bandos parecen muy sólidos. Por un lado se presume como una medida preventiva para reducir los riesgos de lesión en la cabeza y por otro se reconoce incapaz de garantizar la integridad del portador en ambientes urbanos. Tal vez el casco es una de esas cosas que es mejor tener y no ocupar que ocupar y no tener. De cualquier modo –y, parafraseando a mi abuelo– «para que te lleve el diablo no ocupas [preparar] lonche». 😛

    ¿Protege?Respuesta corta: pues claro que sí.Respuesta larga: pues… depende…Para que un casco haga su función de forma adecuada se debe cumplir con tres condiciones fundamentales:

    1. Que sea de tipo y talla correctos.Tipo: elige un casco que sea acorde al tipo de ciclismo que practicas, rutero: casco de ruta, montañero: casco MTB, downhilero: casco downhill… bueno, ya tienes la idea. Ademas del diseño, peso y ventilación, cada tipo ofrece diferente niveles de protección (muy importante).Talla: calibra la circunferencia de tu cabeza y luego pruébate uno que sea de tu medida, ejemplo: M(54-57cm), L(58-61cm), verificar con el fabricante o distribuidor.Antes de comprar verifica que te sea cómodo, que no apriete ni quede suelto.

    2. Que esté bien asegurado y ajustado.El casco se coloca sobre la cabeza cuidando que quede nivelado en el plano horizontal, dejando una distancia aproximada de dos dedos entre las cejas y el borde, no debe deslizarse en ninguna dirección –firme mas no incómodo–, abrochar la hebilla, ajustar la correa hasta que holgura solo permita colocar dos dedos bajo tu barbilla. Entre mejor se adapte a tu cabeza mejor serán la comodidad y seguridad. Visitar una tienda de bicicletas y pedir ayuda a un representante es altamente recomendado.

    3. Que no excedas sus capacidades y especificaciones.Un choque en bicicleta puede ocurrir en cualquier momento, el casco reduce –REDUCE, no elimina– el riesgo de cierto tipo de lesiones en la cabeza pero recuerda que no es indestructible ni es invencible. No te protegerá de choques a exceso de velocidad contra objetos estáticos, tampoco de colisiones contra automóviles en movimiento. No está indicado para ciclistas candidatos a los Premios Darwin o que utilizan el equipo incorrecto, ejemplo: casco de ruta para hacer downhill; peor: casco ciclista para practicar moto-ciclismo <inserte facepalm aquí>. El ciclismo es ya de por sí un poquitín peligrosillo; no hagas idioteces que nos pongan en riesgo.

    4. Que aún hay otra(s)…+ Debe cumplir con las normas y estándares de seguridad.+ Los cascos expiran, el tiempo típico para remplazarlo es más o menos cada 3 años (consulta con el fabricante).+ También lo debes remplazar si estuvo involucrado en algún choque o accidente.+ Si tiene daño o maltrato visibles, adivina: remplazo.+ Si creciste, remplazo.+ Si se te cae o se golpea, remplazo.+ Solo puede protegerte cuando lo usas.+ Además, ¿dónde más podrías montar la action camera? :-)+ OK, fueron más de tres; así es la vida a veces. 😉

    ¿Es obligatorio?Eso depende de a quién le preguntes, o mejor dicho, depende en qué país, región o cuidad preguntes, estos son algunos ejemplos:En Argentina es obligatorio pero sin multas.En Australia es obligatorio por ley.En Chile es obligatorio en zonas urbanas y sugerido en zonas rurales.En Colombia es obligatorio.En España es obligatorio para adultos en zonas urbanas, excepto cuando hace calor.En EEUU varía por estado, por ejemplo: en California no es obligatorio para adultos pero sí para menores.En México varía por estado y por ciudad, por ejemplo: en Ciudad de México no es obligatorio pero en la ciudad de Mexicali sí lo es.En Puerto Rico es obligatorio por ley pero en desuso por costumbre.En Sudáfrica es obligatorio por una ley que prácticamente no se aplica.En Uruguay es obligatorio.En Canadá, Japón o Israel es obligatorio para personas menores de cierta edad.En Alemania, Finlandia, Francia, India, Suiza o Reino Unido la ley no lo requiere.En Portugal y Rusia solo es obligatorio para ciclistas en bicicleta eléctrica.En la gran mayoría de eventos y competencias ciclistas, el uso del casco es obligatorio.En caso de duda consulte el reglamento de transito que corresponda a su país, estado o cuidad.Usar un casco al montar bicicleta, puede servir de buen ejemplo: seguridad primero.

    ¿Cuanto cuesta?Los precios de un casco comienzan desde unos 40 dolares americanos hasta 400 dolares (y los hay más costosos). Son varios los factores que influyen en su precio: tipo, diseño, peso, ventilación, materiales, marca, etc. Recomiendo eligir la mejor protección que tu economía te pueda conseguir sin arruinar tus finanzas, tal vez quieras verlo como una inversión para conservar lo más valioso que tienes: tu cerebro, tu mente, tú. Ten en cuenta que un casco utilizado correctamente es una posibilidad (no es garantía) de reducir el riesgo de una lesión grave en la cabeza. Aun con sus limitaciones, el casco sigue siendo mucho más económico que los puntos de sutura, una fractura, la terapia o un funeral.

    ¿Y el mantenimiento?Sencillo. En la medida de lo posible, evítale golpes y caídas innecesarias. Procura tratarlo con cuidado, guárdalo en un sitio seguro, fresco y seco. El sudor, polvo y lodo pueden deteriorar los materiales así que límpialo periódicamente con agua tibia y jabón, sécalo con un trapo o al aire, la gran mayoría de ellos vienen equipados con almohadillas desmontables que puedes lavar en lavadora.

    En birulaplanet.com deseamos que tomes tu decisión basado en la mejor información disponible que puedas conseguir y, si decides utilizar un casco, queremos que disfrutes de tantas rodadas que lo tengas que cambiar por exceso de uso o por gusto, nunca por causa de un accidente. En lo personal yo me lo pongo en todos mis recorridos; ya me salvó una vez. ¿Y tú, usas casco?

  • Cinco cosas que nadie te dijo.

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    Tal vez porque el año comenzó, o porque querías bajar de peso, o porque alguien te invitó, o porque tu salud te dio un aviso, o porque alguien te gustó, o tal vez ya no lo recuerdas… Sea la razón que sea por la que comenzaste en esto de ‘los ciclismos’ a nivel recreativo (o sea de fin de semana), un día reflexionas y caes en cuenta que hay situaciones de las que nadie te advirtió, así que:

    Estas son las cinco cosas que [tal vez] nadie te dijo cuando comenzabas en el ciclismo recreativo.

    1. Todo aprieta.La ropa de ciclista es ajustada; se ciñe por todos lados sin dañar nada, comprime en las piernas, se entalla en abdomen, se expande en los glúteos y… sí, también se ajusta ahí donde te platiqué; de hecho el traje de ciclista te aplasta tanto las pelotas que después de cuatro, seis u ocho horas de pedalear casi parecen desaparecer. Nada de qué preocuparse, todo volverá a la normalidad cuando te cambies y descanses, disfruta. A algunos les causa presión mental la idea de usar shorts de lycra (me sucedió, ya lo superé); no temas el atuendo es así por eficiencia y funcionalidad, cuando lo pruebes lo vas a entender y a querer. Si pedaleas en invierno aprieta el frío, en verano aprieta el calor. Si pedaleas en solitario aprieta el viento en contra. Si vas en pelotón aprieta el paso el puntero y no te quieres quedar. Si es evento o carrera aprieta el paso el que viene detrás para adelantar. Y aprietas tú tu ritmo de pedalear en los últimos metros antes de llegar a la meta. ¡Ajusta casco y zapatillas, a rodar!

    2. Todo duele.Cuando por fin pasas de sedentario a ciclista principiante, aclararte es mi deber, todo te va a doler. ¡Todo, dije! ¿No pensarías que tan fácil la ibas a tener? Te dolerá el trasero por la compresión de los isquiones con el sillín; es común sentir malestar por unas horas después de entrenar durante las primeras semanas. Te dolerán las piernas después de pedalear. Al principio serán un dolor cuasi-incapacitante y una sensación de ardor infernal que estarán contigo durante días, no querrás ni moverte; conforme sigas entrenando este dolor irá disminuyendo de días a horas a nada. Aprenderás palabras como ‘ácido láctico’: incluye curso intensivo práctico de fisiología 😉 . Vas a sentir calambres: te lo prometo, eso duele mucho. Aprende a conocer las señales y los remedios. Te vas a caer: garantizado. El ciclismo es ya de por sí un poquitín peligrosillo; no hagas idioteces que nos pongan en riesgo. Después de una caída levántate, asegúrate de estar bien y continua si y solo si es seguro. Te vas a rozar, o tal vez no. Si notas fricción, irritación o rozadura en alguna parte, sé diligente en prevenir y remediar; más vale lubricar que suturar. Un poco de incomodidad en cuello, espalda, hombros y muñecas puede ser normal durante las primeras semanas pero también puede ser señal de mala postura o lesión. Siempre atento a los avisos de tu cuerpo; no es igual el dolor de fatiga que el de herida. NOTA: birulaplanet.com no da consejos médicos, en caso de duda por favor consulta a un profesional de la salud.

    3. Todo es bicicleta.Es casi como si te enamoraras de nuevo; hablas de ciclismo, ciclistas y bicicletas con todo mundo hasta el punto de que te miren con ojos de «¿y este loco qué?». Te vuelves cuasi-experto en bicicletas, componentes, llantas, zapatillas, atuendos, mecánica, carreras, competencias… bueno, hasta repasas la historia del ciclismo. Te conviertes en perito en administración de tiempo, adaptas tus horarios para entrenar y acomodas tu agenda al rededor de los eventos. También agregas recordatorios al calendario, ¡como si los necesitaras! Si cuentas las horas para estar con ella. La juegas de investigador, buscando eventos dónde participar o carreras qué observar. Aprendes a ser diligente con tus finanzas: ahorras para comprar otra bicicleta (sí, otra ¿qué tiene de malo?), accesorios y equipamiento. Te alejas de los excesos de alcohol y comida chatarra porque «es que me baja el ritmo en la bici». Aunque eso solo aplica antes del evento, ya después es otra historia: «más cheve y más tacos». Bueno, hasta nombre le pusiste a la bicicleta. Llegados a este punto es seguro que la fiebre te contagió sin remedio. Felicidades y bienvenido.

    4. Todo cambia.Los amigos, en realidad los buenos amigos no cambian ni los cambias por otros, solo agregas más. Tu salud y estado físico son mejores que antes de empezar en esto de ‘los ciclismos’, ya no jadeas moribundo, bajaste un par de kilos y la presión arterial y el colesterol; sin darte cuenta tu cerebro ha desarrollado una gran habilidad para mantener el equilibrio y hasta piensas con más claridad. Tus pláticas son diferentes, ahora además hablas del futuro y de los nuevas metas que deseas conquistar. Tus piernas nunca volverán a ser las mismas, se están formando y torneando, eso te agrada, hasta parecen atraer algunas miradas furtivas –ya, tampoco exageres, sí están mejor que antes pero no es para tanto, tú sigue entrenando, ‘bamos vien’–. Cambias tú, sea que tienes un mes o un año rodando –asúmelo, ya no eres el mismo– respiras mejor, caminas mejor, duermes mejor, te sientes mejor y luces mejor. Ahora disfrutas más, incluso buscas los puertos de montaña para ver el paisaje y la frase «100 kilómetros» te provoca una sonrisa. Tu forma de ver la vida ya es diferente, has conocido personas y lugares nuevos y te has conocido tú. Algunos miedos los dejaste atrás cuando no pudieron pedalear contigo.

    5. Todo es posible.Ahora sabes que con esfuerzo enfocado, constancia y disciplina puedes lograr lo que te propongas.*Quieres tener una, dos, tres, catorce bicicletas: una de ruta, una cyclocross, una de montaña, una fat, una urbana, una tandem y una turismo. Tus deseos de querer llegar en primer lugar en cuanto evento y carrera participas no se han ido, tal vez nunca se vayan. Sueñas con participar en ‘Le Tour de France’ o con dar la vuelta al mundo. Queda claro que ambos son retos enormes aunque humanamente posibles y tal vez te digas a ti mismo «debí comenzar diez años antes». No podemos hacer nada para cambiar el pasado solo podemos aprender de él, en tanto que el futuro sea para descubrir tus capacidades, cultivar tus talentos y retar tus límites. Aunque no ganes ‘Le Tour’ definitivamente ya no eres igual, te has superado a a ti mismo.¿Y sabes qué? ¡Ha valido la pena!

    * Siempre y cuando lo que te propongas no quebrante las leyes de la física, que te propongas cosas que puedes lograr, que no quieras lograrlo todo al mismo tiempo pues elegir un camino es renunciar a otro y que dediques recursos objetivos, tangibles y mensurables a la materialización de tu propósito. Aplican otras restricciones.

    Posdata: OK, tal vez ‘Le Tour’ ya no se pudo, aún nos queda la vuelta al mundo en bicicleta. ¡Vámonos! 😉

  • ¿Cómo se dice ‘bicicleta’?

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    ¿Cómo se dice ‘bicicleta’?

    No, en serio, ¿cómo nombran en otros lugares a estas ingeniosas máquinas?Parece obvio que el nombre de un objeto será diferente cuando se trate un idioma diferente, por ejemplo en alemán se dice fahrrad, en coreano jajeongo, en esperanto biciklo, en finés polkupyörä, en francés vélo o bicyclette, en inglés bike o bicycle, en italiano bicicletta, japonés jitensha, en polaco rower, en portugués bicicleta, en noruego sykkel y si a esos nombres formales agregamos la variantes regionales o los alias informales pues ya tenemos lista para rato.

    Re-formulemos la pregunta: ¿cómo se dice ‘bicicleta’ en español?

    Vamos que la respuesta es sencilla: ‘bicicleta’ se dice bicicleta… ¡Listo, ya vámonos!No tan rápido, vamos por partes; primero lo formal, después todo lo demás.Según el diccionario de la lengua española:

    bicicletaDel fr. bicyclette, de bicycle ‘biciclo’ y el suf. dim. -ette ‘-eta’, por el menor tamaño de sus ruedas. 1. nombre femenino. Vehículo de dos ruedas de igual tamaño cuyos pedales transmiten el movimiento a la rueda trasera por medio de dos piñones y una cadena.

    Re-formulemos otra vez: ¿cómo se dice ‘bicicleta’ en español, en tu región?

    Ya establecimos que diferente idioma significa diferente nombre para un mismo objeto.También sucede que el mismo idioma es hablado por diferentes países y cada país -o región- puede nombrar al dicho objeto de otra manera.Y también puede suceder que dentro del mismo país o región se use más de un sinónimo para referirse a lo mismo.

    Resulta muy interesante los diferentes nombres que asignamos en Latino-América a la bicicleta.Compartimos [casi] el mismo idioma, parte de nuestra herencia cultural es similar y la historia de nuestros pueblos es parecida.O sea «somos iguales pero diferentes». ;-)Esa similitud-diferencia es lo que le da color y sabor a nuestras identidades y a nuestras formas de hablar.

    Aunque ‘bici’ sea el mote cariñoso más popular para decir bicicleta en español, existen estos otros:Argentina: bichi, cleta, cabra.En Brasil: camelo, magrela (casi, casi es español).En Chile: cleta, cicla, chancha, chufla.En Colombia: burra, cicla.En Costa Rica: bicla, cleta.En Cuba: chiva, nave.En Ecuador: chiva, huesuda.En España: burra.En Guatemala: baica, cicle, virula.En México: baica, bírula o birula, burra, camella, rila.En Perú: ticle.En Uruguay: chiva.

    Esta lista no es exhaustiva ni pretende serlo.Seguro estoy que hay muchos más sinónimos por ahí esperando a ser conocidos.

    ¿Y en tu país/región/ciudad cómo llaman a la bicicleta?

  • 1000 por Baja: piernas de oro.

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    Mañana es año nuevo, uno de enero de 2017. Mañana se cumple un mes que concluimos la travesía de Mexicali a Los Cabos en bicicleta. Un mes que llegamos a San Lucas; rápido el tiempo pasa, más cuando divertido es. Los recuerdos de esa experiencia los percibo, a la vez, un tanto lejanos pero tan cercanos que casi los podría tocar. Aún me quedaron un par de aspectos del recorrido sobre los que deseo relatar.

    Staff deluxe.

    Durante estos días hubo un grupo de cinco personas que con sus atenciones nos hicieron la vivencia mucho más cómoda: el staff de lujo de Vámonos de Camping. Ellos nos atendieron con trasporte, alimento y masaje, aquí en orden alfabético:

    Diana, masajista y ciclista. Mujer sonriente y simpática, contadora de historias e interprete de cantos sobre la tierra y la humanidad. Su técnica y destreza en el masaje dejaron como nuevos a dos o tres ciclistas además nos acompañó rodando en un par de etapas.

    Leslie, auxiliar. Chica joven y hermosa, siempre sonriente y dispuesta a ayudar. Contadora de las cuentas y dueña de la receta del mejor iced tea de Santispac. Le gusta viajar y le encantaría ser maestra.

    Manuel, chofer. Sumamente precavido y mesurado, tan seguro y suave al conducir que hasta un bebé podría dormir en el vehículo además es rescatista y está certificado en primeros auxilios.

    Raul, capitan del staff. «Papá gruñón» por sobrenombre le pusieron -no me lo explico- siempre amable, servicial, dispuesto a hacer el extra y superando expectativas.

    Salvador, astrónomo y chef. Persona difícil de olvidar; gigante de mirada noble, mochilero degustador de medio México, relator de historias riquísimas, fotógrafo exquisito y cocinero delicioso. En desayuno y comida: siempre a tiempo, siempre a punto -chomp, chomp, chomp-. En la cena nos mostró como ubicar Orión y las Ursas -Oh y recontra ohhh-.

    En lo personal aplaudo la decisión de Alex de elegir esta compañía para coordinar parte de la logística; comentarios similares escuché a los demás desafiantes. Siempre igualaron o superaron las expectativas; eso es servicio de excelente calidad.

    Nota: Al momento de la redacción de este texto Vámonos de Camping no me está patrocinando… Vámonos de Camping, patrocíname, ¿no?

    Piernas de Oro.

    En los tramos del trayecto de Mexicali a San Lucas que no están pavimentados, que no son transitables en bicicleta de ruta, que debimos subir a las camionetas, que nos trasladamos hasta donde el camino está bueno… ahí conocimos a un ser mítico de habilidades épicas, un ente poderoso capaz de proezas heroicas dignas de un semidiós, piernas de oro le llaman…Aquí una muestra de sus hazañas:— Jamas se poncha.— No se cansa nunca.— Escala a treinta por hora.— Pedalea descalzo -hace clip con las uñas-.— No siente hambre, sed, sueño, dolor, frío ni calor.— No existe…… Es un ente imaginario que inventamos durante los casi 400 kilómetros de arrastres y estuvo muy curada construirlo. Pero hay otros que sí existen, que no se rinden, que persisten, que son solidarios con otros, que compiten contra sí mismos y crecen y ganan y ganamos todos.De haber un cónclave para elegirle -difícil decisión- mis votos serían así:Ana, por su impresionante crecimiento como ciclista.Hector, por su solidaridad y por no rendirse a pesar del dolor.

    Coco’s Corner.

    A unos 30 kilometros al sur de la Bahia de San Luis Gonzaga, al lado de la terraseria que lleva a la carretera federal número uno -practicamente en medio de la nada- se encuentra un singular paraje que te da la bienvenida en letras formadas con latas de cerveza vacías en cuyo gran patio se encuentran varias tasas de sanitario dispuestas al rededor de un televisor -¿qué nos querrá decir?-; al costado del patio está una precaria construcción de madera adornada con esculturas de metal, partes de moto y auto, y más latas de cerveza; cientos -tal vez miles- de pegatinas o calcomanías o calcamonías o stickers -las cuales no puedes pegar sin permiso donde te dé la gana- aderezan las paredes interiores; varias docenas de tangas, bragas y calzoncillos cuelgan del techo; ahí la cerveza cuesta 25 pesos mexicanos; el encargado del negocio se llama Jorge, se estableció ahí hace décadas, tiene ambas piernas amputadas, muy a su manera nos desea suerte a los ciclistas que vamos hasta Los Cabos; al fondo hay un letrero que dice «COCOs» el cual más de una vez sugirió a alguna turista sueca a pedir una nuez de cocotero bien helada y le ganó ser reprendida severamente: «dice coco, yo me llamo coco, hay cerveza, no coco»; nuestra visita a COCOs CORNER fue breve -un par de cheves y vámonos-.

    Antes, durante y después del desafío.

    Durante: despertaba a las 5 AM. Después: dormí casi 12 horas continuas.Durante: no sentí calambres. Después: me atacaron sin razón aparente.Antes: «no voy a poder». Durante: «estoy pudiendo». Después: «sí pude».Durante: todo duele. Después: quieres más.Antes: «A Los Cabos». Después: «Nos vamos hasta Argentina».Durante: bebí café a diario. Después: Lady Doritos, recuerdame no beber tanto café.

    Este fue el último capítulo sobre las 1000 millas por Baja, edición 2016 y también el último del año. Deseo que en 2017 hagamos suceder mil cosas buenas; si coincidimos rico será; si no, nada lamentar. Ha sido un gusto compartir y rodar con ustedes, nos vemos en 2017 —hasta Argentina—.

  • 1000 por Baja: Loreto a Los Cabos.

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    Buen día Lore.Esa mañana en Loreto tocó desayunar frente a la playa, después arrastre hasta Villas del Palmar donde comenzamos a pedalear. Desde hace un par de días Alfonso y George mencionaban lo difícil que iba a ser escalar el Ligüí en la etapa Loreto a Constitución —que si el Ligüí para allá, que si el Ligüí para acá—. A unos veinte kilómetros de la salida había algunas cuestas; después de superarlas pensé «ese Ligüí estuvo fácil». Solo para confirmar, y no verme tan mamucas, pregunté «¿y dónde es que comienza el Ligüí?» allá adelante —respondió Alfonso mientras apuntaba a una montaña—. ¡Agh, no inventeis! Eso fue una escalada categoría tres de casi 12 kilómetros, con tramos donde la pendiente alcanza 20%(yo creo).– Si tuviera otro plato, este sería momento de usarlo.– Si tuviera otro plato, necesitaría otro plato más.Al trepar siento que las piernas me queman, los pulmones jalan todo el aire que pueden, el cuerpo caliente, estoy bañado en sudor. Vi a Noala subir el Ligüí y bajarlo y subirlo de nuevo; esa tarde durante el arrastre también lo vi, por primera vez, permanecer en silencio más de cinco minutos —bien dormido—. Noala venció a Ligüí pero Ligüí noqueó a Noala.

    Como a treinta de llegar a Insurgentes, con viento cruzado nos alcanzan los ‘elites’, se colocan delante de nosotros y formamos un sólo pelotón; rodar tras Alberto y Karla es una maravilla, ambos son ciclistas experimentados, de técnica elegante y movimientos calculados. Karla me dice «Fer, ponte acá, media rueda, no pases el bloqueo, en medio, ahí guardado del viento». Son las dos de la tarde, ya estamos en Ciudad Insurgentes, vamos a reagrupar —Karla, eres un amor; Alberto, tú también—.

    En el tramo Insurgentes-Constitución, venia yo en la cola del pelotón, sentí que no podía sostener el paso, hice un ademan en señal de renuncia y me solté… No sé como, no sé cuando pero Karla estaba tras de mí voceando «Fer, es sólo un poco de dolor, si te quedas te va a costar más. Pégate, no te dejes».Lo siguiente que recuerdo es pedalear tras ella y, al voltear hacia atrás el resto del pelotón se había quedado, me dijo «ya te viniste, ya te jodiste». En ciudad Constitución me encontré con mi colega ingeniero Edgar de la Rosa, un amigo de la universidad al cual no miraba desde hace como quince años. Esa tarde, después de cenar, hubo arrastre hasta La Paz, nos brincábamos esa sección porque prácticamente no había carretera —pensamos: mañana en La Paz vamos a pedalear al rededor para compensar la distancia— !huy sí, ‘pedalear’ como no!

    La pedaleada al rededor de La Paz no fue tal, no hubo tampoco descanso pero sí paseo y convite. Aurelio nos prestó su embarcación para ir a conocer playa Balandra —delicioso ceviche para comer—, más tarde nos reunimos en su casa; escuchamos la música de Noala y comimos las hamburguesas con la receta secreta y deliciosa de Chava Leyva —McDonald’s, no insistas, no está a la venta—. Camino a casa de Aurelio; encontramos una marchita manifestación pro Fidel Castro; al paso Noala grita «hasta la victoria» y los de Antorcha Campesina vitorean.

    A las cinco de la mañana Alfonso y Raúl salieron en un arrastre particular desde La Paz rumbo al punto de arranque, el resto dormimos un par de horas más, luego desayunamos en el hotel y empacamos, pasadas las nueve comenzamos a rodar. Al llegar a Todos Santos, foto y vídeo en el Hotel California, los ‘elites’ nos alcanzan y no hay rastro de los viejones todavía. Formamos el pelotón y dos calles adelante las mejores carnitas de la región fragmenta el grupo: —deme cuatro tacos— luego recapacito, —nada más dos—. Al reanudar la marcha me sobreviene el remordimiento —debí pedir pa’ llevar— y en la primer subida me vuelvo a quedar. Raúl está ponchado, lo encontramos a veinte de llegar. Subir esa cumbre de la hidroeléctrica o nucloeléctrica —o como se llame— fue para mi la trepada más complicada que puedo recordar; otra vez en último y otra vez la camioneta atrás(aunque esta vez no es de preocupar). Luego las fotos en la cima, la bajada a la ciudad de San Lucas; al adentrarnos en las calles los más curiosos preguntan:– ¿De donde vienen?– De Mexicali.– ¡No!– Claro que sí.* ¡Crucen juntos, no se separen! *Y al llegar a la finisterra llegan también los abrazos y la felicitación.¡Lo hicimos, llegamos!

  • 1000 por Baja: Santa Rosalía a Loreto.

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    Guten Morgen, Lorena.Es sábado y el cuerpo lo sabe -alarma, empacar, desayunar, rodar-.Junto con el desayuno nos obsequiaron pan de horno de piedra y café. Luego el ritual de subir maletas a la camioneta y acomodarlas.—Cada quien, responsable por sus cosas—. Y en un parpadeo un desconocido sustrae una maleta rosa de Diana; las cámaras de vigilancia muestran al autor, un huésped del hotel, mas no su rostro. Bye, bye maleta rosa, te recordaremos siempre.

    A las siete de la mañana ya estábamos rodando los primeros y tres horas después arribábamos a La Heroica Mulegé; oasis repleto de palmas datileras en la desembocadura del río Santa Rosalía; un pueblo tranquilo que se sostiene de pesca y turismo; para donde mires todo se ve muy bonito: puedes practicar kayak, buceo y ciclismo —eh ¿qué tal? ¡ciclismo!—. Hicimos un tour por la Misión de Santa Rosalía de Mulegé y nos tomamos más fotos -adivinaste-. Otra pose y otra foto, otra cámara y otra foto, otra foto y otra más. ¿Nos podemos quedar a vivir aquí?– ¿De quien es una bicicleta roja que dejaron tirada? Allá la lleva uno.– Aurelio se puso pálido.– Raúl se ríe: «es una broma».

    Al filo del mediodía reanudamos nuestra travesía hacia Playa Santispac sobre la carretera federal número uno. Alfonso y Raúl salen primero, detrás vamos Carlos, Demetrio, Antonio y yo; me adelantan. Continuo a paso lento y después de cuarenta minutos nadie me ha alcanzado, eso es extraño. Como a la una de la tarde, en la última bajada alcanzo a Antonio y Carlos que habían parado a tomar fotos desde el mirador:– ¡Ya llegamos, aquí es Santispac! ¡Demetrio se fue de paso! Alguien vaya por él.– ¿Han visto a Alfonso? Vamos a buscarlo al restaurante; allá hay cervezas.Una cerveza ¡Salud! Otra cerveza ¡Salud! «Internet: 20 pesos la hora».Por veinte pesos obtengo señal y trabajo de la oficina. ¡Demonios, me encontraron!Al rededor de las dos de la tarde comenzaron a llegar los demás; no alcanzamos a Alfonso —ni Karla nos alcanzó— porque habían parado a comprar ceviche a orilla de la carretera.

    Esas noches en Santispac fueron de lo mejor: sin internet, ni electricidad, ni agua entubada; solo arena, sol, cielo estrellado, largas platicas con nuevos amigos y cervezas, muchas cervezas. Les voy a contar lo que ocurre por las noches en esa playa: se llama bioluminiscencia y se produce cuando al agitar el agua, con tus pies o manos, las algas reaccionan emitiendo un tenue resplandor verde —¿pues qué esperaban?—.

    Día de lavandería en Mulegé:– ¿Quién va en la primera tanda? ¿Quién se queda?Unos fueron, otros encargaron y otros no lavan ajeno.El domingo es día de misa para el dueño de la lavandería; Hotel Hacienda accede a lavar y secar nuestras ropas. Mientras esperamos en el patio caen las toronjas maduras de las copas de los arboles, comemos una o dos de ellas.

    De vuelta en Santispac, nuestro staff de lujo nos prepara la comida y la bebida:– ¿Alguien quiere agua de sabor?– Yo, por favor.– Don Fernando, pruébela. Siempre me dicen que me queda desabrida.– Está muy buena, gracias… —Oh wait! ¿Como que «don»? ¡Mañana me corto el cabello y me afeito!—.Otro plato y agua de sabor, más calabacitas asadas y una cerveza —chomp, chomp, chomp, glu, glu, glu… buuurp— después reposar, platicar, volver al mar, mantenimiento a la bici, bañarse a jicarazos con agua fría, esperar la cena, cenar, reír, platicar hasta tarde y dormir en un catre bajo las estrellas. Lo dicho, fue de lo mejor, Luis dice «yo creo que yo sí podría vivir así unos dos años», y pienso «yo creo que yo también».

    Buenos días Lore-na, nos vamos para Lore-to. Desayunar, levantar campamento y rodar.Sin novedad hasta llegar al pueblo. Karla, Alberto y Hector ya llegaron. Como las dos de la tarde los alcanzamos en la plaza. Estamos hambrientos vamos; al restaurante. Comemos —devoramos— y bebemos unas cervezas, tomamos unas fotos y rodamos por el malecón hasta el hotel donde sospecho se hospedaban las chinches que nos pusieron una friega a todos. Esa tarde después de instalarme, salí a cortarme el cabello, al regresar ya no me reconocían. Cenamos pizza con cerveza y fuimos a dormir.Good night, Lorena.

  • 1000 por Baja: Guerrero Negro a Santa Rosalía.

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    A San Ignacio.

    Tiii, tiii, tiii…¡Arriba!Son las 5:30 de la mañana…Por alguna desconocida razón, durante toda la travesía, siempre desperté antes que sonara la alarma y sospecho que estuve listo —bañado y cambiado— antes que todos. Rutina mañanera: empacar, desayuno en La Espinita, en camioneta a la salina y regresamos al hotel para hacer checkout y salir rodando desde ahí. —En la salina pues hay sal, mucha sal, muuucha pinche sal, hace como 60 años un estadounidense comenzó a extraer la sal, y hace como 40 le vendió al gobierno y a Mitsubishi la salina con todo y sal, anualmente producen como 8 millones de toneladas de sal, Japón  y Corea son los que más compran sal, y a donde quiera que volteas miras sal, mucha sal, muuucha pinche sal—. Como ya era costumbre, Alfonso nos volvió a hacer madruguete y salió rodando primero.

    En la salina, Guerrero Negro. Fecha: jueves 24 de noviembre de 2016. De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Demetrio, Hugo, Ana, Alex, Alfonso, Diana, Jackie, Alberto, Raúl Arguello, George, Karla, Raúl Rodríguez, Noala, Fernando, Antonio, Leslie, Aurelio, Luis, Carlos y Hector. Fotógrafo: Salvador Leyva.

    En esta parte el relato es más de lo mismo: que si pedaleamos, que si dolían las piernas, que si el trasero rozado, que si viento en contra, que si pavimento, que si la subida, que si la bajada, que si el trafico, que si paramos, que si solos, que si en grupo, bla, bla, bla…Fast forward: a eso de la una de la tarde llegamos a El Marasal donde nos reagrupamos, descansamos y comimos:- Nos quedan 3 horas de sol y faltan 70 km para llegar; los números no dan, creo que nos va a caer la noche-. Y pues que nos cae la noche; a eso de las 4:45 estaba totalmente oscuro, paramos para esperar a la camioneta, instalamos las luces y continuamos: Alex, Noala, Carlos, Antonio, Demetrio, Raúl, Alfonso y yo. Otra vez rodando de noche, otra vez la ansiedad por llegar, otra vez sentimientos encontrados, otra vez el camino que no parece terminar. Otra vez cambio de plan: siempre no vamos a acampar, mejor en hotel pernoctar ¡bieeen!

    Al llegar a San Ignacio su querida le avisó; Benito, te andan buscando, eso es lo que supi yo. —¿O cómo era?—.Al llegar a San Ignacio un amigo me avisó; Fernando, ya están cocinando, eso es lo que supe yo. —Ahora sí—.El club de ciclistas de San Ignacio nos recibió con un convite, tacos de pescado y bebidas; obsequiaron al grupo una camiseta conmemorativa y un trofeo artesanal que ellos mismos fabricaron. Por la noche los niños estaban fascinados con los sonidos del ukulele y la trompeta de Noala y por las luces fosforescentes que Karla les regala. A la mañana siguiente la fascinación la proveyó la original bicicleta de bambú construida por el profe Raúl. Mil gracias, gente de San Ignacio por su hospitalidad.

    A Santa Rosalía.

    Arrancamos de San Ignacio como a las 9:30, después de las respectivas fotos en la misión. Pedaleamos en subida y con viento en contra —que novedad—; durante unos 20 km mantuvimos formación ordenada pero al llegar a un columpio todo se fue al carajo; el grupo se fragmenta, los ‘elites’ se adelantas y los ‘elotes’ a la cola. A los 25 km nos detuvimos a degustar el famoso pan de dátil —chomp, chomp, chomp—. La bicicleta de Carlos sufrió avería con la cadena; Alex hizo un quickfix y continuamos. Siguen 15 km en subida, luego una bajada de 3 km, después 15 km planos; nos detenemos y reagrupamos a los 60 km, abastecemos y posamos para el dron. Lo que sigue es una bajada de 10 kilómetros, impresionante, empinadísima(promedio: -15%), veloz, peligrosa y muy, muy emocionante, casi celestial —la cuesta del infierno le llaman—. Una lagrima me escapa por el rabillo del ojo cuando alcanzo los 60km/h -Noala y George me rebasan —¿Cómo hacen eso?—.

    Al llegar a Santa Rosalía, nos adentramos unas ocho calles en el pueblo y nos detuvimos; no sabíamos donde queda nuestro hotel. Hacía ya un par de horas que los primeros habían llegado. Continuamos hacia el hotel y nos instalamos. «Hey, pónganse guapos, vistan pantalón y zapato cerrado los varones; nos invitaron a cenar a un restaurante; es muy ‘nais’, parece». Casi tres horas más tarde estábamos devorando los platillos que sirven en el comedor de la mina El Boleo. Que bueno estaba todo; riquísimo. Las tripas ya me llamaban por otros nombres: ‘Grrregorrriooo’, ‘Igggooorrr’. —En el tour nos dijeron que la mina es explotada por empresas coreanas y que produce cobre, cobalto y zinc—. Panza llena corazón como te quiero. De regreso al hotel, cero cheves y a dormir. Nite nite Lore.

  • 1000 por Baja: Punta Prieta a Guerrero Negro.

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    Buenos días, Lorena. Amanece en Bahía de los Ángeles: baño, desayuno, empacar, levantar campamento y ‘juimonos’. «No olviden parar en el mirador para la foto» —¿Ya vieron? Allá va un lobo, ¡un coyote!— Y más adelante encontramos otro. «¿Y la foto apá?» —Se nos pasó el mirador, ya ni modo, ¡vámonos!—. Camino a Punta Prieta Diana nos compartió un canto indígena delicado al coyote y al terminar Hugo pidió otra rola ‘más bailable’.

    La noche anterior alguien mencionó «Alfonso siempre nos deja, sale primero y ya no lo alcanzamos» —eso mismo pensaba hacer yo—. Tan pronto llegamos a Punta Prieta, salté de la camioneta con casco y guantes listos, zapatillas ajustadas, bajé y armé la bici, cargué agua y … Alfonso ya nos había ganado el tirón; detrás de él salió Raúl y yo después. Como a 5 kilómetros alcancé a un ciclo-turista que venia desde Bélgica atravesando Europa y Asia; había llegado a América por Alaska y se dirigía primero a La Paz y a Patagonia después; Janus es su nombre, habla ingles y algo de español, su edad no importa, está bastante bronceado, conduce su bicicleta con cuatro alforjas y una sonrisa. Justo antes de abordar la primera subida alcanzo a Raúl y a la vista está Alfonso, hago el esfuerzo para emparejarlo pero la pendiente es severa —puf, puf, agh— y Alfonso se despega. En el 40 vemos al lado del camino una manada de burros que observan curiosos a unos ciclistas. Al finalizar la zona de vados por fin alcanzo a Alfonso y vamos juntos platicando unos minutos; en la próxima trepada me vuelvo a quedar.

    Después viene una bajada muy ligera, pavimento en buena condición, viento en contra —a veces cruzado—, carretera sin acotamiento y hay transito moderado de camiones de carga. En general los automovilistas son respetuosos; se abren para rebasar al ver que el carril está ocupado por bicicletas. Pero como nunca falta una piedra en el arroz, por ahí del km 90 escuché el ‘RRRR-RRRR’ de un trailer que venia tras de mí sin poder adelantar. Durante unos 5 minutos vino ahí; el camino no tiene acotamiento y el conductor ya no tiene paciencia; en cuanto hay oportunidad se abre un par de metros y comienza la maniobra de rebase… cerrando, un metro, cerrando, medio metro y cerrando… «¡TChing tzu ma, perplejo, te cambio para que sepas lo que se siente, perplejo!». Me asustó y me enojó tanto que al llegar al siguiente pueblo lo andaba yo buscando con la mirada para reclamar —ya sabes: tontera produce más tontera—. Paramos y reagrupamos en una gasolinera casi en el km 100, el plan era pedalear el tramo restante en grupo compacto… Sí claro, «grupo compacto», ¡toma tu grupo compacto! A todo mundo nos valió madres, íbamos como siempre pedaleando felices por cuenta propia. Llegando al arco tomamos la foto.–¡Hagan una linea!–Yo en la orilla no, los de la orilla salen gordos.–¡Formen en una linea!–¡Carro! Viene carro.

    Algunos ciclistas de Guerrero Negro salieron a recibirnos y nos acompañaron los últimos 2-3 kilómetros antes de llegar al pueblo. Nos reunimos en La Espinita donde comimos y conocimos a Alberto, esposo de Karla,  muy agradables muchachos —ciclistas experimentados y elegantes—. Luego fuimos rodando unos 5 km hasta el hotel El Terrasal; nos encontramos con el hijo del dueño, nos dijo que se llama Gregorio, que es de Alemania y que le gustan [dos] muchachas mexicanas chaparritas —ah picarón—.Sin dudarlo pero sin saberlo dije:– Mira, él habla alemán.– Que mentirra más grrande.¡Y ándale! Que Hugo le responde hablando alemán.

    Esa noche hubo pocas cervezas [para mi] y compartimos la habitación los mismos cuatro. Alex fue a impartir una plática a la universidad. El plan para mañana es: después del desayuno iremos a un tour a la Salina, dejamos las bicicletas en el hotel y al regresar rodamos desde aquí. Buenas noches, Lorena.

  • 1000 por Baja: Punta Prieta a Bahía de los Ángeles.

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    Son las 5:20 de la mañana del lunes 21 de noviembre de 2016 en Bahia San Luis Gonzaga. Un desafiante sigiloso intenta abrir una de las camionetas, la puerta no cede pero la alarma sí suena fuerte y despierta a todos los que aún dormían. Entre risas y gritos -burrrro- nos ponemos en pie y comenzamos a preparar algunas cosas, esperamos el amanecer para tomarnos algunas fotos, platicamos largo rato mientras esperamos el desayuno; Alex nos cuenta acerca de sus vivencias durante el viaje al rededor del mundo y sobre un récord de 36 países. Por fin desayunamos, terminamos de alistarnos, empacamos, levantamos el campamento, subimos equipaje y bicicletas a la camioneta. Mientras tanto aparece el servicio de recolección de basura comandado por un perro que ‘surfea’ sobre el capó de una pickup.

    Hacemos una última visita a la única tienda del pueblo: pipí, popó, caca, coca(coca-cola, malpensados) y partimos rumbo a Punta Prieta por la carretera federan número uno. Nos detenemos junto a una gasolinera abandonada donde un letrero marca ‘km 282’, frente al crucero de la carretera que lleva a Bahía de Los Ángeles.- Hoy está papita, bajadita y viento a favor.- Pues yo no he visto eso; ya toca.

    Salté de la camioneta y preparé mi bicicleta lo más rápido que pude. Estaba llenando mi ánfora a toda prisa y escuché decir «Poncho ya se fue, el profe también». ¿Cómo? ¿Tan pronto? Y salí tras ellos. Pensé que estarían a la vista pero no fue así. Decidí ir a paso lento para esperar al siguiente grupo: Alex, Aurelio, Carlos y Demetrio. Durante unos minutos nos mantuvimos juntos después me quedé atras, luego ellos pararon y los adelanté. Más tarde nos alcanzaron y rebasaron el resto de los desafiantes. No hubo viento a favor sino cruzado, eso era mejor que viento directamente en contra, el pavimento estaba en buenas condiciones, el terreno era bastante amable; solo un par de subidas no muy largas ni pronunciadas y el resto con leve declive a favor -bajadita pues-. Fue una etapa corta que todos disfrutamos mucho. Lo mejor fue ver desde lo alto la bahía y la recompensa de un tramo de 8 kilómetros de pura bajada. Como podrás adivinar, paramos a tomar algunas fotos. El kilómetro previo a llegar al pueblo es una pendiente muy pronunciada, intenté bajarla rápido mas la fuerza del viento que soplaba desde el mar hacia la costa anuló tal intensión; hasta vi un perro ser arrastrado en la calle por tremenda presión.

    Llegando y foto en el monumento de la entrada, luego dejar las bicicletas en la casa donde nos hospedaríamos, después a comer/cenar en Alejandrinas(buena comida, buen servicio y wifi). Ya en la sobremesa escucho a Noala decirle a Alex «… y la llave se explotó y se hizo un pinche tiradero de agua…», mi primer impulso fue gritar «atrás todos, soy plomero» pero se iba a escuchar bien pinche mamón, ademas  yo ni plomero soy. Tan pronto se corrió la voz de que estábamos sin agua se armó la revolución, hubo quien se fue a bañar a otro sitio, hubo quien culpó a terceros, hubo quien se resignó a no bañarse, ya saben, lo de siempre. Minutos después llegó el dueño de la casa con herramienta y llaves de repuesto; dos horas más tarde teníamos agua y sonrisas de nuevo.

    Después de instalarnos en la casa, Noala preparó la tocada de la noche: «pero nooOoo, te conocí en Rosarito», «… y es que tu perro no tiene pedigrí»; unos escuchaban la música mientras bebían cerveza otros bebían cerveza mientas hacían mantenimiento, lo estábamos pasando bien. Recuerdo ver salir a Ana por la puerta y dirigirse a toda prisa a un costado de la casa; se sentía mal acaso deshidratada. Karla le brindó su experiencia y varios litros de liquido, a la mañana siguiente durante el desayuno Ana lucía muy bien.

    Y fue durante el desayuno también que nos ofrecieron un tour a ver al tiburón ballena. Todos fueron menos yo, sentí que no me hacia falta verlo. Me quedé en casa para dormir otro rato, escribir en mi blog, hacer mantenimiento a la bicicleta y lavar mi ropa. Estaba yo terminando de tender cuando ellos ya estaban de regreso. Me pareció que regresaron muy rápido; apenas habían pasado como cuatro horas. Trajeron almejas y pescado. Salvador los cocinó; todo riquísimo: «chomp, chomp, chomp» solo quedaron las conchas vacías y los esqueletos ¡buuurp!

    Después de comer y beber era tiempo de relax para mi; ya había lavado, secado y la bici estaba limpia. Por la noche otra vez la música de Noala y más cervezas ¡salud! Solo un rato pues mañana toca levantarse temprano, iremos de Punta Prieta a Guerrero Negro. Buenas noches Lorena.

    Posdata, mis quejas hasta ahora:+ No hemos tenido viento a favor.+ Desde que salimos de San Felipe no hay señal de celular.+ La recamara de los niños huele a ‘humanidad’. ¡Abran una ventana, please!+ La canción «sin pedigrí» es muy corta; sugiero cinco perritas.

  • 1000 por Baja: San Felipe – San Luis Gonzaga.

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    Rodando de día: San Felipe – Puertecitos.

    La alarma-despertador debió sonar a eso de las 5:30 de la mañana; otra vez le gané por unos minutos. Cuando me levanté mis compañeros de habitación aún dormían. Rápido, procurando no hacer ruido, me bañé, me vestí y me peiné, me puse las mangas en brazos y piernas, me apliqué bloqueador solar y crema anti-rozaduras, alisté mis cargadores —de batería no de arma—, hice un check de equipo y luces, puse mi ropa sucia dentro de una ziploc y empaqué todo como pude —o la maleta había encogido o el contenido había crecido—. Para entonces ya estaban todos de pie y listos para ir a desayunar.

    Nos encaminamos, sin saberlo, al bar del hotel el cual estaba cerrado; Daniel nos indicó que el restaurante estaba del otro lado así que fuimos hacia allá; al llegar nos informaron que no había llegado el cocinero. Salimos caminando del establecimiento y unas tres calles adelante entramos aun restaurante que ofrecía bufete; había chilaquiles y menudo; algo ligero para pedalear a gusto. Luego de desayunar regresamos al hotel y cargamos el equipaje y las bicicletas en las camionetas que nos iban a arrastrar hasta el punto de arranque. Ya no recuerdo porqué fue que se hacia tarde y  no terminábamos de salir; a más de uno nos provocaba ansiedad la situación. Eran más de las 9:30 cuando las camionetas por fin se pusieron en marcha rumbo al punto de salida; para calmar los ánimos llegamos a un autoservicio de esos amarillo con rojo por unas bebidas espumosas —muy importante— también adquirimos otras chucherías como remedio para labios resecos, bloqueador solar, pomada de la campana, vaselina y baterías.

    Casi a las 10:30 llegamos al kilómetro cero de la carretera de lleva a Puertecitos. Hora de bajar las bicicletas, armarlas, cargar agua, aplicar bloqueador, asegurar casco, ajustar zapatillas y posar para las fotos. Arrancamos con clima fresco, cielo nublado y posibilidad de lluvia. Estos 74 kilómetros fueron tal vez el peor castigo durante la travesía para bicicletas y ciclistas. El cansancio del día anterior, el viento en contra, la lluvia chipi-chipi, el camino mojado, el lodo, la grava suelta, las piedritas con filo y el pavimento en malas condiciones —intransitable ¡era terrecería pintada de negro!— provocaron frustración y enojo en algunos desafiantes y a Lore un corte en la llanta delantera.

    Casi llegando a Puertecitos nos esperaba la camioneta frente a Playa Curvina; era el punto de reunión y abastecimiento; esos fueron los sándwiches más sabrosos que he comido este año y el anterior y el anterior. Cuando llegué ya esperaban Hector y Karla; me uní al debate de los tiempos de llegada. Poco a poco fueron llegando los demás —no recuerdo el orden exacto— Raúl, Luis, Jackie, Alex, Noala, Jorge y al final Ana y Antonio. Mientras se hacia tarde y esperábamos a reagruparnos surgieron la duda de continuar esa tarde o quedarnos a acampar en ese punto y la controversia limitar tiempo y velocidad para el último del grupo. Después de sopesar las opciones, Alex decide que podemos continuar; nos advierte que no va a ser nada fácil rodar de noche, con lluvia y en subida. Tan pronto escuché eso monté la bici y arranqué junto con otros cinco compañeros.

    Rodando de noche: Puertecitos – San Luis Gonzaga.

    Sería el descanso o sería la emoción, no lo sé pero ya no sentía cansancio ni recordaba las penurias de las anteriores 5 horas. Rodábamos en pelotón, parábamos a tomar fotos; vimos un arcoiris doble que se dibujaba a lo lejos sobre el mar; Hector iba adelante por un rato, después Jorge, después yo. En terreno plano y en bajada logré seguir bien el paso pero en las subidas comencé a quedarme en la cola. Más subidas y más distancia me separaba de ellos: «no me dejen aquí». El sol recién se había ocultado cuando en una subida muy larga —creo que le llaman ‘el huerfanito’— me quedé definitivamente atrás; «‘ches batos»: dije por abandonarme y continué pedaleando a mi propio paso. Al llegar a la cumbre ya era de noche, apagué mis luces y contemplé la total oscuridad y escuché silencio en cada dirección —¡maravilloso! que bien es estar sólo, pensé— me quedé ahí unos minutos y reanudé el pedaleo, ahora en bajada, en silencio, a oscuras, a cuarenta y cinco por hora(que bueno es estar aquí).

    Durante largo rato pedaleé a solas, a oscuras, conversando en silencio conmigo mismo bajo el cielo negrísimo, nada más se escuchaba el viento silbar en medio del cañón y a lo lejos una risa femenina… «¡Agh, no! ¿La llorona risueña?¿Pero cómo? Si yo no creo en eso». Detuve mi marcha para escuchar mejor, apagué las luces y observé en dirección a donde provenían las risas… Ahh es la camioneta escoltando a dos de las chicas, ahora sí, que alivio. Pedaleando nuevamente en bajada miré una luz de ciclista que venia en sentido contrario, era Jorge, se le habían caído algo y regresó a buscarlo. Karla, Jackie y la camioneta nos alcanzan y entre todos ayudamos a George a encontrar sus lentes. Durante unos kilómetros volvemos a rodar en un sólo grupo y más adelante nos separamos en dos; adelante van Luis, Jorge y Hector; atrás vamos Karla, Jackie, Hugo y yo. —Que bueno es estar acompañado— hay tiempo para conocerse uno a otro, conversar, darse ánimos y aprender. Karla y yo platicamos largo rato, me enseñó un par de trucos ciclistas, mucha gracias Karla.

    Los últimos 20 kilómetros fueron de sufrir.¿Más subidas?¡No inventes!¡Ya no quiero!¿Cuanto falta?¡Ya que se acabe!Después de parar a rellenar las ánforas, Salvador nos grita desde la camioneta «ya solo falta una subida, una bajada, el retén y ya llegamos».* Que no sea mentiras compadre, porque así me a ir *.Íbamos, —iba yo— casi en modo zombie, silente, jadeante, sudante, todo agotadote, pensante en ya subirme a la camioneta mejor…- Ahí está el reten, ¡ya llegamos!- Tenemos que ir hasta la tiendita; allá están las luces.La mitad del grupo ya estaba en la tienda, algunos llegaron en camioneta y otros en bicicleta. Casi una hora después arriban los últimos.Una cerveza, ¡salud!— ¿Quién se va a bañar? ¿Cuántos somos?— Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho… ¡Somos ocho!— ¡Siete nada más, yo no! —Exclama alguien—.Otra cerveza ¡salud!

    Rodamos unos 1000 metros por una terracería hasta donde armamos entre todos el campamento a unos 20 metros del mar. El cielo estaba despejado y estrellado. Habíamos completado la segunda jornada; cansados todos, algunos enteros todavía y otros ya lesionados; estos dos días de pedalear cobraron con labios reventados y traseros rosados. Cenamos, platicamos un rato y fuimos a dormir ya tarde. Esa noche compartí casa de campaña con Antonio.Good night, Lorena.

  • Mexicali – San Felipe: Parte 4.

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    En linea de salida. Al frente participantes del Desafío Mil Millas x Baja, 2016. En segundo plano participantes del desafío Mexicali – San Felipe, 2016. Crédito fotografía: «Desafio Paseo Ciclista Mexicali San Felipe 200 Kms»

    Después de la cena de carbohidratos fui a dormir a casa de mis padres, dí una última revisión al equipaje y a la bicicleta; todo en orden… casi, el sleeping bag no cabe en la maleta —no quiero cargar con dos paquetes, es mejor todo en uno—. Dejé el backpack y decidí llevar una maleta más grande con ruedas que mi madre me prestó. Y como ahora cabían más cosas pues metí más ropa interior, otra camisa, otro pantalón y otra camisa(sí, otra). Volví a inspeccionar mis electrónicos: cables, cargadores, cámaras, baterías y más cables. Me aseguré que estuvieran en la maleta crema, pasta, cepillo, jabón, candado con llave, tubos, bolsas ziploc y una cuerda amarilla para tendedero. Después apagué la luz, me acosté, cerré los ojos… Y me levanté de nuevo a verificar el número de calcetines que había empacado, los trajes de ciclismo, el bloqueador solar y la crema chamois anti-rozaduras y los electrónicos. Ahora sí a dormir, a dormir dije, ¡vamos! ya es media noche, «good night, Lorena»… Zzzz.

    La alarma-despertador suena a las 4:30 AM, creo que le gané por dos minutos. ¡Arriba! Rutina mañanera: bañar al ciclista, cepillar la sonrisa, vestir el mejor traje, peinado para fiesta y aplicar abundante crema anti-rozaduras, más, un poco más —mejor que so-sobre y no que fa-falte—. Avena con agua y fruta para desayunar y un plátano para llevar. Subí al auto maleta y bicicleta, también casco y zapatillas, guantes y mangas, bloqueador y lentes. ¿Listo? ¿Sí! ¿Listo? ¡Listo! O tal vez no… Siento que algo se me olvida y no sé qué es; antes de llegar a linea de salida lo recuerdo: no traje mis dos ánforas —una grade y una chica— toca llegar por ellas de pasadita.

    La cita era a las 6:00 AM, llegamos puntuales Don Federico y yo, mas no veo a ningún desafiante todavía. «Estoy en la salida, ¿on tan?», escribí en el whats, «ya vamos», respondieron. Poco a poco llegan los ciclistas participantes del evento paralelo y se comienza a formar el mar de gente y a formar la fila para entrar al baño. Cuando llega la camioneta de ‘Vámonos de Camping’ con los desafiantes subo mi equipaje y monto la bicicleta y doy un par de vueltas. Poco después de las 7:00AM dan la tercera llamada para salir. Nos indican que nos formemos hasta el frente para la foto. ¡Las fotos! Hay muchas cámaras; no sé a cual mirar; creo que tengo sonrisa nerviosa. ¡Uy, hasta dron traen! Después el conteo final: «… cinco, cuatro, tres, dos, uno, VÁMONOS». Estimo que somos unos 300 ciclistas y 16 de nosotros continuamos mañana hasta Los Cabos. ¡Que nervios!

    En el kilómetro 8, Noala es el primer ponchado del recorrido, Jorge Mier y yo nos detenemos para ayudar. Nos pasan varios ciclistas y los desafiantes que venían atras; yo vi a Luis, Alfonso y Ana. Unos minutos después se detiene la camioneta a un costado. Noala repara la avería y arrancamos, al poco tiempo ya soy oficialmente el último.

    Al rededor de las 9 de la mañana me desvío rumbo a casa de mis padres por las ánforas olvidadas, aviso de la maniobra a los chicos de la camioneta. En el kilómetro 30 está Zacatillo, un pueblo polvoriento de gente buena y trabajadora aunque un tanto desordenada; hay rocas y algo de basura por las calles sin pavimentar. Un par de perros ladran y otro par —de los que no ladran, solo muerden— me observan al pasar y se acercan con toda la intensión. Me apeo de la bicicleta y tomo un par de piedras del suelo, uno de los perros no cede, le lanzo una piedra y por fin desiste. «¡Tching tzu má, ‘che dogo perplejo!» invoco en olvidado lenguaje ceremonial antiguo. En definitiva este pueblo no es un buen lugar para rodar, todavía. Al llegar a casa mi madre me recibe con una sonrisa, un licuado y más fruta ‘pal camino’. Tomo mis ánforas y me despido de nuevo; mi padre pregunta «¿ya no se te olvida nada?» y me voy. La escena de los perros y las piedras se repite ahora en sentido contrario. Mientras esperaban por mí, Diana y Meño llegaron a los tacos; les aviso que estoy de nuevo en ruta. Vuelvo a ver la camioneta tras de mi cuando me alcanza por ahí del km 45.

    En el 50 me integro a un pelotón, que rueda a muy buen paso -creo que se hacen llamar «los Cachoras»- aprovecho el túnel, descanso del viento en contra, alcanzo a otros desafiantes y la camioneta ya no viene tras de mi. Cedo una de mis ánforas a una hermana ciclista que ya no traía agua:– “ROCÍO, ¿Traes agua?”– No.– Fernando, tú traes dos, dale una.Poco después me suelto del grupo y pedaleo sólo por un rato y adelanto al pelotón, que estaba a orilla del camino reparando una ponchadura, luego alcanzo a Raúl, Noala y Ana. Más tarde nos pasa el pelotón gritando:– ¿Están cansados?– ¡Nooo!– ¿Quieren más?- ¡Sííí!Adelante paran nuevamente; ellos traen sus propios carros de soporte y abastecimiento. Nos pasa también el Cucus Team.

    En el 85 alcanzamos a un ciclista con calambres desesperado por llegar a La Ventana.En el 100 Raúl y yo paramos a tomar agua y una foto.En La Ventana supe de un desafiante que subió a la camioneta por dolor de rodillas.En el 108 Ana toma otra fotografía; en su bocina sonaba Shaky Shaky de Daddy Yankee.En el 120 vuelvo a pedalear sólo.En el abastecimiento cerca del reten militar bebo demasiado gatorade y debo hacer un par de paradas técnicas más adelante…

    El año anterior -2015- no había llegado en bicicleta a San Felipe a causa de una llanta dañada por un trozo de metal. La sugestión y la superstición son fenómenos mentales sumamente interesantes; al aproximarme al 160 no pude evitar imaginar varias veces al mismo trozo de metal esperandome para morder la llanta nuevamente.Una vez que miré el letrero del 170 respiré aliviado —ya la hice—, pensé.

    En el 190 Raúl está ayudando a un ciclista ponchado; pregunto si se encuentran bien, responden «sí» y no me detengo. Cinco kilómetros antes de la meta el sol ya está oculto aunque aun hay algo de claridad enciendo mis luces. En la meta la fiesta está a todo lo que da: cerveza, música, camisetas y medallas. Los primeros desafiantes en llegar son Hector, Jackie, Karla, Hugo y Aurelio. La diferencia entre el primero en llegar y el último fue de más de 2 horas. Detrás de mi llegan Raúl y Ana. Antonio se quedó dormido en la mesa de masajes. Noala está en el templete bailando y cantando, el resto se encuentra dentro de un restaurante; entramos por unos tacos de pescado y unas cervezas.

    Después de cenar nos dirigimos rodando hacia el hotel Cortez, nos acomodamos cuatro personas en nuestra habitación: Carlos, Demetrio, Raúl y Fernando… Tomar un baño tibio y a dormir, hay que estar listos a las 7 de la mañana pues esperan 160 km hasta Bahía San Luis Gonzaga, la mejor rodada de noche y el camino más horrible del universo —ok, exageré—. Good night, Lorena.

  • Mexicali – San Felipe: Parte 3.

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    Fotografía tomada la noche del 18 de noviembre de 2016. Adobe Pizza, Villafontana, Mexicali, México. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Luis, Jorge, Fernando, Demetrio, Aurelio, Alfonso, Alejandro, Noala, Raúl, Antonio, Ana, Carlos, Hugo, Hector, Karla y Jackie.

    A principios del año 2016 Alex González publicó en facebook la convocatoria para el desafío «1000 Millas x Baja 2016″con cupo para nueve participantes; diez minutos después confirmé mi asistencia y elegí ser el número siete. Casi tres meses silentes pasaron y volví a preguntar si el desafío seguía en pie, la respuesta fue «sí». A partir de entonces el proceso siguió de forma más menos consistente: publicados los detalles de la ruta, costo, números de cuenta, compañeros inscritos, hice mi depósito y esperé el día de arranque, primera etapa: Mexicali – San Felipe… Oh, wait! No esperé a que llegara el día; desde inicios de año incrementé la dificultad y la frecuencia de mis rodadas; a la postre eso sería apenas suficiente para llegar a la meta en Los Cabos.

    La noche previa al disparo de salida tuvimos cena de carbohidratos, fue la primera vez que nos reunimos; eramos un grupo de 17 participantes con historias de vida tan diversas que coincidían en pasión por la bici: tres reinas de belleza, dos sabios, un chavo, un calvo, dos extranjeros, cuatro triatletas, dos motociclistas, tres artistas, dos dentistas, un fabricante de bicicletas, seis fotógrafos, cuatro ingenieros, dos petroleros, tres jubilados, dos barbudos, un potencial gobernador, un capitán de barco, un piloto, una bailarina, seis bigotones, todos soñadores, un músico, un poeta y un loco… Relatamos cómo comenzaron nuestros romances con la bici y platicamos los motivos para realizar este desafío, comimos, bebimos, reímos y nos fuimos a dormir…

    … a las siete de la mañana más unos pocos minutos, un puñado de ciclistas salimos de Mexicali rumbo a San Felipe. Primero los nervios, después la foto y vámonos. Estamos pedaleando entre un mar de gente, cuatrocientos ciclistas de un evento paralelo nos acompañan, tal vez sin saber de nosotros. Mezclados en la multitud no se advierte a ojo pelón que nuestro camino es más largo. Todos pedaleamos al nivel de nuestra experiencia: unos en solitario, otros forman equipo y otros más siguen la cola de pelotones que ruedan rápido y te protegen del viento.

    El músico, el poeta y el loco se ponchan primero, la legión de extranjeros auxilia, el grueso del grupo se adelanta y el pelotón ya no es más, ahora pedaleamos por cuenta propia. En el kilómetro treinta me desvío por una calle y me detengo en mi abastecimiento personal, el mismo perro me ladra de ida y vuelta; cuando la bailarina me pasa sudo por el esfuerzo y por el estrés de ser el último… Ahí viene la camioneta detrás de mí, muy cerca —no bueno eso—. Sigo en solitario hasta el cincuenta, «Los Cachoras» me alcanzan y me meto al túnel:

    *Cuiden esa línea de la izquierda…Si no puede, general, baje a la cola… ESA LINEA*— ¿Cómo te llamas?— Fernando.— ¿Traes para jalar unos cinco kilómetros?— Sí, pero todavía no.— «ROCÍO, ¿Traes agua?»— No.— Fernando, tú traes dos, dale una.— *Silencio*— Seguro estoy que en un universo paralelo le dije «ella no trae equipo completo, no es mi bronca, sorry no sorry» luego aceleré para romper el viento durante unos 20 kilómetros—.Mientras tanto en este universo: sin pensarlo mucho tomé la botella chica y le extendí la mano a Rocío, dos kilómetros adelante me solté. Al menos ya no era yo el último, me habían ayudado a alcanzar a mi grupo y la camioneta no venía tras de mí —eso es bueno, no quiero subirme todavía—.

    Retrato y selfie en el cien rodando con uno de los hombres sabios, después con el músico y la bailarina… después sólo otra vez. [Los últimos] cincuenta kilómetros son suficientes para un diálogo consigo mismo; uno piensa muchas tonterías y se ríe sólo. Más adelante otro ponchado; la única forma de yo adelantarle, así es la vida. Llegué a meta al atardecer, casi en la cola… Dos tacos de pescado y dos cervezas. ¡Esto es ciclismo señores! Hace sueño, habitación para cuatro, «mañana listos a las siete»… Aquí no termina el recorrido; esta no es LA META, solo una de ellas.

  • Mexicali – San Felipe: Parte 2.

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    Salimos de Mexicali a las 7:00am, había que recorrer 200 kilómetros en total. Hacia el 150 ya había yo logrado mi segundo aire y traía viento a favor. Para cuando llegué al 160 me esperaba un trozo de metal incógnito que hizo dos cortes a la llanta y al tubo. Sin parche para llanta ni llanta de repuesto el paseo se daba por concluido para mí; había que caminar hasta que un carro de apoyo me alcanzara. Quince minutos después un automóvil se detuvo, ofreció llevarme a la meta; me subí y arrancamos. Nos presentamos y comenzamos a platicar… bueno, el chófer comenzó a platicar de su vida de casado, de lo difícil que es todo eso y de los incidentes de tener un trabajo que parece vacaciones, de su deseo de dedicar más tiempo a su familia, etcétera. Preguntó qué haría yo en situación similar y pensé en darle un gran consejo… luego recordé que no soy casado, ni tengo hijos y se me pasó; además, ¿qué utilidad tendría mi opinión en la vida privada de esta amigo?

    Avanzados unos kilómetros, un ruido llamó nuestra atención; era la llanta del auto, se había pinchado —seguro con el mismo metal desconocido que la bicicleta, o tal vez no—. Paramos e instalamos «dona de emergencia» y fuimos a buscar una llantera para remplazar la llanta averiada –la de auto, no la bici– y luego a otra. Aproveché para avisar por teléfono a mi equipo de apoyo(don Fede y doña Irene) acerca del cambio de planes. Cuando le cobraron la cuenta al rescatador este ya tenía semblante de frustración.

    Instalada la otra llanta –en el carro, no en la bici– y continuamos en silencio rumbo a San Felipe. Al llegar a la meta bajamos la bicicleta, le agradecí por el auxilio y le ofrecí un billete(que prácticamente me arrebató de la mano: «gracias») y cada quien siguió su camino.

    Por la tarde mis padres me recogieron, después de bañarme partimos de vuelta a Mexicali. Eran poco más de las cinco de la tarde; ya oscurecía. Vimos a los ciclistas más rezagados rodando la última cuesta antes de llegar; algunos con la figura descompuesta con mirada de «ya, que esto acabe, por piedad» y pensé: «no inventes, esos compas llevan más diez horas sobre el sillín, ¡no gracias!» y deseé llegar a casa y dormir durante unos dos días.

  • Mexicali – San Felipe: Parte 1.

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    Pie de foto:»No puede ser, salí en la fotografía»– Mike Wazowski.Desafío Mexicali – San Felipe, 2015.Fecha: Noviembre, 2015.* Crédito foto: Sudor Cachanilla.

    Como pasa cuando sucede, así sucedió…Un día, sin una razón lógica aparente y con apenas diez meses de entrenamiento(?) esporádico, decidí hacer el recorrido de 200 kilómetros entre Mexicali y San Felipe. Inspirado por leer «El mundo en dos ruedas», libro escrito por Alex González, un mexicalense que completó el recorrido de la vuelta el mundo en bicicleta y envalentonado yo con mis antecedentes:+ Pedaleado algunos miércoles y sábados de cada semana: check! –no todos, solo algunos–.+ Terminado dos paseos Rosarito – Ensenada(mayo y septiembre de 2015): check! –calambres en piernas y hombros–.+ Participado en un paseo Ruta del Vino(julio 2015): check! –calambres de nuevo, paso extra-lentísimo–.+ Completado un recorrido entre Green River y Newport Beach: check! –baño de hielo y cinco días para recuperar–.¿Qué podría salir mal? ¿Ni modo que no se pueda? Dije como dice una milenaria filosofía china, «shinsu-má, sí me lo aviento».

    Pues que me inscribo, pues que llega el día, pues que don Fede me da raite, pues que dan el disparo de salida, pues que comenzamos a pedalear… Pues que a lo lejos miro al autor del libro que estaba leyendo, «se parece… ah no inventes, sí es él, me voy a acercar para saludarle y entrevistarlo»… ¡Para alcanzarlo, mijito! Iba pedaleando en modo bestia. Como pude me emparejo y le digo «Hola Alex, estoy leyendo tu libro, acabas de llegar a Japón(en el libro), ¿harías otra vuelta al mundo? ¿no? ¿por la Baja nada más? okey…». Platicamos unos cinco minutos, lo que pude sostenerle el paso, y me adelanta…

    Desde que cruzamos las vías casi frente a El Paraíso(los locales, no se hagan sí bien que lo conocen) hasta el puente del libramiento fue puro dejar ciclistas… dejar que me adelantaran pues… las piernas y la nariz me ardían. Más adelante un pelotón como de cuarenta me alcanzó y aproveché ‘el viento’, pedaleé cubierto hasta la subida del Hipolito Rentería, donde se me acabó el aire y el resuello.

    De ahí en adelante lo mejor era ‘llevar la fiesta en paz’. Tomé un largo descanso por ahí del kilómetro 35. En el kilómetro 50 ya me quería regresar. En el 100 había terminado ya mi segunda o tercera ronda de líquidos y las piernas ‘me gritaban’, –a callar, sigan pedaleando–. Ya pocos me adelantaban y yo no adelantaba a nadie. Del 120 al 140 ligero viento en contra y viento cruzado; los puntos de abastecimiento estaban llenos de ciclistas, cansados unos, acalambrados otros. ¿Falta mucho para el reten de soldados? Ya casi, ya casi. ¿¡Pues cuanto falta!? Ya casi, sigue pedaleando… Cuando por fin pasé el reten, de pronto todo pareció de bajadita, las piernas no dolían y había conseguido mi segundo aire. ¡Bien, sí llego! Y luego el bajón: «ya que se acabe, ya quiero llegar, ya me duele el culo» –literal–.

    Circa kilómetro 150: ¿Qué? ¿Viento a favor? ¡Viento a favor! ¡Vámonos! Y me fui detrás de un mini-pelotón, eramos tres; era ‘mini’. Que buen ritmo, puente sube, puente baja, un hule de llanta, grava, concreto, pavimento, grava otra vez, otro hule, otro puente… ¡BLIMMM…! Una lámina en el kilómetro 160 pincha la llanta de atrás. Ahí se acabó; el tubo tiene dos cortes que no se pueden reparar: tubo de repuestoLlanta: también dos cortes. No se puede continuar.Se acabó, ¡a caminar!

  • Día uno.

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    Pie de foto.Descripción: primer pedaleada, mitad del recorrido.Frente a Roy’s Cyclery en Upland Downtown. Luis en primer plano, yo en segundo plano. Fecha: 31 de enero de 2015. Fotografía: Luis Trujillo.

    Hará unos tres años comencé a trabajar en la misma compañía, a la que llamaremos Hayden -porque así se llama-, que un amigo, al que llamaremos Luis -porque así se llama-. Casi inmediato de conocerle, Luis me cuenta que es ciclista desde casi un lustro, ‘presi’ del grupo con el que pedalea por las tardes y me invita a participar. Curioso, hago un par de preguntas; perplejo escucho las respuestas y le doy cualquier pretexto para no asistir:— No tengo bici.— Yo te presto una.— No tengo casco.— En la Walmart son baratos.— No tengo condición.— Iremos muy despacio.La escena se repite durante meses sin materializar la invitación ni la confesión: «¿Yo, en short de lycra? ¡Nah que, ni ‘mais’!».

    A principios de 2015 después de varios cambios inesperados aparecen síntomas de no-salud.Me hago revisar por un medico y me dice:— Te vas a morir.— No le haga, doc…— Sí, algún día…— No le haga, doc…Ok, ok no fue así pues. No me dijo eso, pero así lo sentí.Fue como recibir un citatorio del cielo, me dije «¡No que, yo no voy!».De vuelta en la oficina acepté la invitación a pedalear y lo acordamos para el sábado 31 de enero de 2015 las 8:00AM. Desempolvé un casco que tenía guardado —era pretexto, ¿recuerdaa?— y me conseguí unos calzones con chamoy de esos que van bajo la ropa; aún no estaba listo para vestir de lycra y esperé a que llegara el día.

    Sábado por la mañana, llegué vestido con mi ropa habitual jeans, polo, tenis… y casco.Presentes estaban Ernesto, Ruben, Ángel; Luis traía dos bicicletas, una era la mía.El recorrido fue sobre la ciclovía desde el parque North Heritage Park en Fontana hasta Roy’s Cyclery en Upland Downtown.Sobra decir —pero lo diré— sudé, jadeé y pujé… ¡pero llegué!Ida y vuelta: casi 20 millas, el recorrido en bicicleta más largo de mi vida. Pálido, no me lo creía.

    Durante tres días no pude moverme sin sentir dolor en las piernas y donde la ropa me rozó la piel. «¿Dónde está el short de lycra?», pensé. Conseguí uno y en la segunda ‘raiteada’ lo vestí tímido con algo de sonrojo, pero eso ya es otra historia.

  • Hello world!

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    ¡Hola mundo!Welcome to my nuevo blog personal sobre ciclismo recreativo.

    Aquí les platicaré de cómo y porqué comencé en eso de ‘los ciclismos’, qué es lo que me gustó y porqué continué pedaleando, les daré algunos tips a quienes quieren comenzar a montar bicicleta y opiniones sobre el equipo que uso —y el que no uso—.

    Más tarde también les contaré como es que un día me pregunté si era posible dar la vuelta al mundo en bicicleta. Descubrí que sí se puede y que hay varías personas que ya lo hicieron y soñé con completar ese viaje yo también. ¡Imagina gente que conocer, caminos que recorrer, comidas que comer, bebidas que beber, memorias que traer!

    Al principio fue solo una ocurrencia y después pasó a idea recurrente que no se disipa, así que para averiguar si la idea es puro cuento o se puede convertir en documental, este mes de noviembre de 2016 participaré en el Desafío, 1000 millas por Baja.

    Así que siendo el día de hoy, a la hora que es, en este lugar… ¡Que comience el blogging!